balance atrasado - mayo de 2010
A veces el silencio hace solito las cuentas y los números rojos (y todo lo ganado también) bailan tranquilos y sin ruido en mi cabeza.
Me cuesta decir cuánto cambió, qué de todo sigue intacto, qué se ha perdido y no vuelve más. Con los viajes es todavía más complicado: hay que poner un pie de cada lado y pensar en partidas y llegadas, y en vueltas y en encuentros (que casi siempre son y fueron desencuentros duros como piedras y largos, como años).
Es difícil porque no entiendo al tiempo que se deshace en las manos, que se endurece y no hay cómo hacer que se mueva y pase. No entiendo sus dos caras, sus cinco patas, su timidez desfachatada. No sólo de tiempo estamos hechos, pero sin dudas sacamos algo de sus malas mañas.
Sólo por intentarlo, tendría que decir lo que aprendí, y que aprender es más complicado de lo que parece.
Vi tantas cosas... Los coches de chapas distintas, las calles sin ruido, la noche caminable, la ciudad dormida. Vi caras en otro idioma, señales de tránsito, adolescentes creciendo torpes y en patota en un banco de escuela. Vi hombres incoloros, inodoros, insípidos. Vi hombres que miraban y justificaban cruzar el mar.
Vi fantasmas, y a la sombra de mi abuelo mostrándome su hermosa París.
Escuché cantar en otro idioma. Comí lo que ellos comen y agradecí sin gracias. Merci. S'il vous plâit. Pardon. Excusez-moi. Dije que no hablaba bien la lengua y me sentí nena de preescolar. Expliqué que Argentina es al sur, y que es tango y fútbol, y el mate y el Che Guevara. Agregué que era también bastante más que eso.
Dije 'vos', 'vos sos', 'andate', 'volvé'. Y que no sé flamenco. Y que no sigo al Barcelona. Y que Almodóvar no es mi compatriota.
Dije no. Non. No comprendo, me repite.
Dije no. No, no me voy a quedar.
Dije no. No extraño tanto.
Y mentí; varias veces mentí, aquí y allá, para que se hiciera más fácil, para creérmela. Y estuve a esto de hacerlo, casi casi. Pero al final siempre volvía a ver otras cosas.
Me veía a mí, entera y con gente, enteros y en otra parte, como yo. Gente que se había partido en dos también, y otra que llevaba su vida quieta y, mal que mal, cómoda en casa, y me había abierto la puerta a mí, para conocerla.
Vi que es posible hablar desde lejos, que se trata de estar en una misma frecuencia, que contra eso no hay lengua ni cambios horarios.
Te vi en un par de sueños, que te venías o eras siempre de aquí, y nos tomábamos juntos los trenes que otras veces me harté de ver pasar. Te hablé en francés y me respondiste en tucumano y con un mademoiselle.
Te vi. Pero una sola vez.
También cerré los ojos: quise estar en otro país, en otra estación, que pasara el frío. Cerré los ojos y abracé amigos. Entonces ellos me abrazaron de vuelta y me abrieron los ojos. Los abrí, testaruda, y volví a mirar como si, además de los míos, ahora llevara veinte más encima. Los míos y los suyos, los de ellos...los míos.
Y fue así que miré como si en ello se me fuera la vida. Miré guardándolo todo. Y mientras, across the universe sonaba diciéndome 'nothing's gonna change my world...'
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