lunes, 21 de febrero de 2011

La excepción


Me cansé de escribir de volantines y barquitos. De pedirte que me lleves con vos; de ser la que te despeja la madrugada y te va abriendo el paso para que cuando amanezcas sean todas flores.
Me harté de decirte cosas azules y hablarte con acentos lilas como si a tus pies dejara un ramito de nomeolvides, de pedirte que me hagas un espacio, que te guardes un rincón para que yo viva sin chistar.Y no sé porqué te cuento mis secretos, mi cajita de música, mis cartas de despedida. No sé qué tanto este hablar por hablar.

Ya fue mucho de mi versión edulcorada: me relajo solita, y de ahí no hay como salir, me empantano y no hay más nada que hacer.
Me han dicho que yo soy todas esas cosas, que el sarcasmo es escudo y el escudo es mentira.
Pero no me lo quiero creer.
Y si me convenzo, entonces voy a poder escribir otras cosas.
Voy a escribir miserias, derrotas crudas sin el ingrediente lastimoso de la ternura. Voy a poder dar el portazo sin remordimientos. Putear sin filtro y sin por eso dejar de sonar a poesía, porque la poesía es cosa que viene del fondo, y ése es todo el secreto, no hay más que eso.

Si me creo que puedo, voy a empezar a hacer grafittis en las paredes más sucias, a perderme de vista una noche, a convivir con la mala salud y la mala espina, y a escribir todo eso, en la oscuridad.
Si me decido, voy a hacer la excepción. A decir las cosas puras y duras. A que mi escepticismo tome la plaza, y el pesimismo chorree todas las palabras. A que las palabras sean otras, a que huelan a podrido y transporten a esos barrios llovidos en donde la basura va tomando la calle y los perros más sarnosos se van a amontonar.

La excepción. Que será decir que no me he muerto de quererte tanto. O, mejor, que tanto no te he querido. Que por momentos sí que me olvido. Que la vida tiene luces en otros costados, que no todas entran por tu ventana. Y, en fin, que también es bronca lo que a veces me nace, esta impaciencia que me perfora los huesos y me hace decir cosas en golpes contra las paredes, y todo lo que hago es como un conjuro para que esos fantasmas del odio y su mala sombra se vayan lejos.
La excepción a la regla de escribir en tu nombre, a tu sombra, por el buen amor que tengas para regalarme, o al menos darme a préstamo hasta que se te ocurra a vos.
La excepción que sería el despecho, el orgullo, la espalda que te doy sin volver la vista atrás.

Me cansé de escribir posibilidades. Hoy quiero escribir del nunca-jamás.

1 comentario:

Violeta Color dijo...

faaaaa


Y un abrazo.


Con sabor a terrible