lunes, 20 de septiembre de 2010

Sans papiers

Hace algún tiempo, pasé unos meses en el limbo de ningún lado. Me despertaba perdida, con mar de por medio y sin barcos que me dejaran sana y salva en mi orilla. Palpitaba en argentino, me hundía en mi mate y lloraba noche de por medio, de impotencia y de frío.
Sin papeles y lejos de casa, la nostalgia tiene la forma de un pasaporte que no llega, y a una le da por pensar que la identidad, como la lengua con que la siente y la nombra, son cosas que van por dentro. Tan pero tan adentro... que a ver dónde la encuentro...


Me dicen que mi identidad es un papel. Uno que dice quién soy, de dónde vengo, quiénes me dieron nombre y vida, el tiempo que llevo juntando soles.

Un papel puede hablar de mí mejor que yo misma. Seguramente.
Porque yo no sería capaz de poner sello sobre ninguna afirmación de ésas. Porque no creo en las banderas ni tengo siquiera la autoridad para meterme dentro mío y decir qué pasa allá adentro. Mejor será un papel. Porque yo no puedo jurarme nada. Porque sólo tengo para alegar dos o tres canciones que me arranqué a tirabuzón, una vereda que es mía, medio sueño trunco y, por suerte, varios abrazos sentidos.
No me alcanzarían los libros ni los años para sacar semejante conclusión.

No creo en huellas digitales, en la identificación biométrica, ni en la sangre, si me apuran. No creo porque mi lugar es otro, siempre es otro. Porque, si no soy, al menos me invento un perfil de poeta (o no, no seamos tan altisonantes), de 'sentidora', y entonces me muevo entre los afectos y las líneas transparentes que suele seguir el corazón. Yo sólo puedo jurar hermandades indocumentadas, secretos a voces, miradas de reojo, amores tácitos, pertenencias sin título de propiedad.

Estoy dada a sentir, a buscarme casa bajo el sol, a dormirme en los laureles de los encuentros casuales con la buena gente, esos consanguíneos que nunca conocimos, aquellos de quienes no sabíamos nada y, sin embargo, ahí estuvieron siempre.
Mi única identidad es un rejunte de cosas que nunca podría nombrar o enumerar. Yo soy todo junto y ninguna en particular.
No soy de donde nací, soy del lugar al que me debo y, si por mí fuera, ojalá mañana me deba a muchos, a tantos lugares. Quisiera que me creyeran este espacio en blanco, esto de un incompleto siempre al borde de completarse. Y siempre casi que no.
Pero necesito papeles y autoridades pertinentes. Necesito sellos y firmas que me digan lo que ellos quieren escuchar.
Cuánto más sencillo sería acabarnos si para quitarnos la identidad bastara con dejarnos indocumentados... Ocurre, gracias a qué sé yo qué buena luz, que somos algo más que un papel sellado.

1 comentario:

Silvina dijo...

por suerte somos mucho más que eso...