No me extraña.
En realidad podría ser cualquier cosa que quisiera, es de ese tipo de gente: los que pueden ser tan buenos cocineros, como bomberos, como cineastas, carpinteros o vendedores de seguros.
Tiene esa capacidad de transformarse sin perderse en el camino y cuando lo cuenta, cuando habla, va dibujando círculos de colores en el aire, va creando su ambiente. Yo, en cambio, no sé hablar más que hablando.
Siempre me ha gustado la gente que sabe contar la vida a su manera, decía Lucía (y Lorenzo le sonreía, y los dos comían paella). A mí también.
El caso es que quiere ser pirata. Y aprender el español. En cualquier momento estará en mi puerta diciendo 'hola señorita!' con un parche en el ojo. Y yo me voy a reír, un poco espantada por su arrojo, por su forma de mover el mundo, de darle cuerda y que gire.
Quiere subirse a un barco y pasar el invierno. Yo, en cambio, los tengo en mi repisa, salen por detrás de los libros y de las noches trovadas en un bar. Y están hechos de papel, como estas cosas que yo digo.
No sé porqué lo cuento...Será cierta envidia de no animarme yo también al embarque. O que tengo en la cabeza musas, piratas y frases dando vuelta, y nada es cierto hasta que no lo grito donde suene mejor.
Un buen viaje tendrá.
Y en mi puerto ya volverá el agua quieta. Ya bajará la marea.
3 comentarios:
ya bajará la marea, mi amiga!! pero si no ocurre a embarcarnos con los vientos en contra, total siempre salimos, al final siempre hemos sabido seguir!! te quiero!!!
Que bueno que soplamos, el viento y con el viento, pal mismo lado usted y yo!
También te quiero mucho(s)! :)
no se como describirlo, y es algo que pocas veces me ocurre, pero tus palabras me llegan al alma.. y no puedo parar de leerlos..
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