Hay que decir que yo siempre quiero luces cuando es de noche, y de día extraño la sombra quebrada de la luna sobre la calle.
Pero me las ingenio, eso también hay que decirlo. Entonces, cada vez que la abría empezaba a tararear. Era como si me dieran cuerda, lenta y dulcemente, y muy bajito se oía un la ra ra rai...
No sé yo qué cantaba, mi cajita y yo sonábamos distinto según la hora del día y quién nos estuviera escuchando.
El día que lo encontré, por ejemplo, se abrió como de golpe y la música fue en colores de Caribe, cosquillas, hormigas y flores. Se detuvo por un momento la calle, sólo sonábamos mi cajita y yo, y él acercaba el oído al pecho de cartón sin saber que lo que sonaba era yo, carne, hueso y corazón. Él se acercaba a escuchar, y en el espacio de esa canción nos dábamos otra vez la mano, y era una tregua, corta pero tregua, entre ese niño y yo.
Los otros días, días más corrientes, la sacaba a pasear. La encerraba en mi mano, donde cabía tan cómoda (así de chiquitita era) y allí la dejaba hasta que empezaba a latir.
Palpitaba acelerada como después de una carrera y era señal de que había que abrirla y cantar. Bastaba una mirada, una historia bien contada, el vino derramado en los manteles y en la voz. El recuerdo de un nombre, el gusto sencillo de alguna estación, los perfumes otros de esa piel.
Esas cosas me daban cuerda. Tanta, que a veces quería cantarlo todo, y cantar incluso allá donde no alcanzo, ni con la voz ni con las manos ni aún con las ganas, estas ganas de distancia y equipajes, mis ganas locas de llegar.
¿Qué otra cosa mejor se podía hacer con una cajita de cartón y un corazón con mecanismos y engranajes al borde de la herrumbre?
Se hace lo que se puede con lo que se tiene a mano, y yo había encontrado que mi voz entraba tan tranquila en una cajita de cartón; y que vibraba, como una cuerda, al calor de las manos que la podían tocar allí donde sonaba mejor. Quiero decir que aprendí que es delicado el camino que va de la garganta al corazón, y que es hermoso, y sencillo, como mi cajita de cartón.
Así de frágil, de desnuda, vulnerable y musical andaba yo. Así andaba, dándole cuerda a mi voz.
Hoy ya he revuelto todos los cajones. Abrí y cerré mi mano varias veces, y no la encuentro. No está por ningún lado mi cajita. Ya probé llamándola con las cosas que la hacen abrirse de un salto, como esas cajas de sorpresas, resortes y bufones. Pero nada, no pasa nada.
Salí a la calle sólo a buscarlo, a él, a ver si así se me despertaba toda esa música perdida vaya a saber en qué sitio. Pero así no funciona el cuento y él nunca está donde yo siento, ni bajo las baldosas, ni detrás de la pared, ni en el camino de vuelta, cansada y sin respuesta.
Y mi cajita, perdida u olvidada o, en todo caso, tal vez traspapelada entre este tiempo y alguno que pasó.
Sospecho que se quedó lejos ¿revisaste tu cocina, el armario, los pliegues que tiene tu sofá? ¿Te fijaste en todo lo que tiraste a la basura antes de salir? Y el día que pusiste llave por última vez y las devolviste para no volver, ¿no sentiste que todo ese silencio que quedaba era mi cajita cerrada tan lejos de mí?
Me falta mi cajita, que, en francés, es como decir que la extraño porque no la tengo más.
No es tan raro, ¿verdad? ...Que allá me haya dejado tanto. Que, más que ruido, tantas cosas me hagan silencio...Al fin es cierto que el sonido no puede propagarse en el vacío...
Porque yo era también esa cajita de cartón. Era eso lo que sonaba cuando te acercabas vos; cuando recibía noticias con mi acento a través del mar; cuando era de mañana después del sueño en que mis amigos pasaban a visitarme y se quedaban, desvelados, por no verme llorar.
Te darás cuenta que me preocupa este descuido, ésta mi irresponsabilidad, el paso en falso de este torpe olvido.
...Dónde, dónde me habré dejado la voz...
...Dónde quedó mi cajita de cartón...
6 comentarios:
Yo tengo una cajita acá, con música y todo :P
Y su voz mi'ja, más vale que nunca se le pierda, porque mierda que hace bien (me hace bien)!!! :)
Guarde bien esa cajita...
Cuide bien su cajita, mujer, y que nunca la pierda... ;)
un abrazo grande
¿Creés que alguien pueda enamorarse inmensamente de un puñado de palabras? ¿Que sin saber de dónde vengan (o creyendo saber, pero estando equivocada), cree a esa persona detrás de las letras y se enamore? ¿Que lea siempre sus palabras, pero calle, tímida cual adolescente enamorada, para no molestar?
Yo creo que es bueno que las palabras (todas, cualquiera de ella, desde los libros, desde las paredes o desde los blogs)que es bueno que enamoren...porque si no enamoran, si no apasionan, si no revolucionan, si no dan ganas de seguir leyendo, entonces sirven de poco...colaboran a lo tibio, lo chato, lo quieto.
Pero eso es con las letras, con las personas siempre es más complicado.
En todo caso, aquí todo está hecho de palabras, así que lo único que molestaría es el silencio...
Tu blog me tiene (muy) enamorada, esa es la verdad.
Me alegra, entonces
Mi blog está muy agradecido!
Saludos!
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