jueves, 26 de agosto de 2010

Hice un sueño

Robarte fue sencillo: hice un sueño.
Y de allí en más, de noche en sueño y de sueño en otro más profundo, fui apareciéndote. Aquí. Para mí, y conmigo.

Es un poco bruto, yo sé, pero fue un último recurso. Hice un sueño porque otra cosa no pude hacer, porque el mundo de lo diurno se lava las manos o mira para otro lado y no nos deja encontrarnos en simultáneo, decirnos las cosas sin apuro y hablar de lo que vamos a comer mañana. El azar de los despiertos no se hace cargo de que podamos coincidir vos y yo.
Fue por eso que hice un sueño. Uno en que sincronizábamos nuestros relojes, y vos me dabas la hora, quizá porque yo te hablaba así como hablo siempre, en una lengua menos intermitente.

Hice un sueño de poesía, porque un día antes de soñarlo lo rimé, hablé de tu sombra y de encontrarte a oscuras...Será que es lógico que si de día te escribo, de noche no pueda más que soñarte.
Y ahí, adentro de mis párpados o detrás de ellos, estábamos de paseo, tan campantes.
Hablábamos, todo el tiempo hablábamos, no sé bien qué, no lo pensábamos, no nos deteníamos a desarmar nada, todo era un hacer, y hacer nuevo.
Pero antes era mi cumpleaños, o algo por el estilo, y me llevabas sobre un puente (no era París pero tenía sus puentes, eran esos, todos juntos) para hacerme un regalo. Me decías que era importante, que tenías algo para darme, para decirme, algo que era mío. Y me llevabas de la mano, con urgencia porque estaba por llover, pero para agarrar la lluvia más que para evitarla.
Una vez en el puente me regalabas no sé qué palabras que tenías en un machete de papel de servilleta. Pero antes de que terminaras yo te daba un beso, uno inocente, uno de jardín de infantes. A ojo y sin cálculo te daba el beso del lugar exacto, uno al borde de la boca, tímido como esa lluvia nuestra, como tu papel de servilleta y como yo.

Hasta ese momento duraba el día o será que mi beso aproximado hacía la noche. El caso es que de ahí en más nos la pasábamos corriendo. Nos escondíamos en los zaguanes, en los callejones y era todo una película en blanco y negro,de la mano y entre abrazos.
Nos reíamos un montón vos y yo, porque teníamos un secreto aunque fuera a voces, y nos escondíamos para que no lo supiera nadie. Y yo no salía del asombro de saber que mi secreto era también el tuyo.

En fin, ahí está, ya lo dije. Me da un poco de culpa haberte raptado así, haberte sacado a empujones del sueño que por tu cuenta hiciste, al tuyo que habrá tenido otros besos o menos puentes o algo menos improvisado que una servilleta de papel.
No te ofendas si te robé una noche. Solamente hice un sueño, que nada tiene de nuevo y eso siempre se rompe cuando le da el sol. Que eso de ser en blanco y negro y escondernos es mentira, como mi beso exacto y correr a donde la lluvia cae mejor.
Hice un sueño, uno o dos. No hay nada que hacer, es parte de los días y de estar despiertos cuando no somos dos... Qué más puedo decirte...que el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son.

1 comentario:

Sole dijo...

Que lindo lo q escribiste, nunca habua entrado a este blog y me gustño mucho!. besos
sole