viernes, 3 de abril de 2009

A 27 años de un olvidado desembarco


"La guerra de Malvinas es como una gran cámara oculta que filmó a los argentinos en calzoncillos. O desnudos: en pelotas. Nos dejó con todas nuestras miserias y todas nuestras grandezas al aire. Eso es Malvinas. La cara y la moneda de lo que somos. La cara que mostramos y la cruz que llevamos. Las dos caras de la moneda. El coraje y la cobardía. El corazón valiente y la ropa sucia. Las dos islas que son un solo corazón. La melancolía de la Soledad y la euforia de la Gran Malvina.
Vistas desde arriba, las islas son como dos aspirinas en el mar de nuestro dolor de cabeza nacional. Son como la escarapela temblando en el pecho del guardapolvo de un chico argentino, con el pelo engominado y las medias tres cuartos, que canta el himno y afirma con una certeza celeste y blanca: 'Las Malvinas son argentinas'.
Las hermanitas perdidas. La tierra irredenta. Las Malvinas. Como si nuestra identidad tan buscada estuviera fuera del continente. Fuera de nosotros. Más allá. Allá en el frío, en el sur, en el mar y entre gente que habla inglés.
- Subí la ventanilla, nene. Apurate, mirá para otro lado. No, señor, no necesito curitas...Sí, sí...ya sé que usted es un ex combatiente de Malvinas. Lo sé y lo respeto. Pero no necesito curitas, gracias señor. Gracias, disculpe, el semáforo ya se puso en verde. Gracias, disculpe.
Malvinas es la patria que se nos sigue muriendo. Esas Malvinas. Es la patria que se suicida. Ya son más de 200 los ex combatientes que se mataron y casi ni salen en los diarios. Los barrimos debajo de la alfombra, como aquella noche que llegaron. Ni bola: yo, argentino, si te he visto no me acuerdo. Entraron por el patio del fondo, por la puerta de servicio. Casi clandestinos, como si fueran delincuentes. Con sus heridos, con sus muertos, con sus mutilados. Vencidos, derrotados, rendidos, o juremos con gloria a morir.
O a sus plantas rendido un león. Malvinas es nuestro espejo más brutal. El espejo en el que menos nos gusta mirarnos. Porque ahí está un general como Galtieri, valiente para la tortura de mujeres indefensas, majestuoso para los Estados Unidos y borracho de soberbia, borracho de ignorancia, caricatura de dictador que quiere eternizarse y es capaz de cualquier cosa para lograrlo. De tomar las Malvinas, por ejemplo. De tomarlas de un trago, sin pensar, sin creer, sin vergüenza, sólo con el mínimo objetivo de engañarnos y quedarse.
Pero en este espejo también están los colimbas argentinos. Los que conocieron por primera vez el frío y murieron congelados. Los que gritaban sapucai en las trincheras para calentarse por dentro. Los del coraje mesopotámico, los de abajo, los de la esperanza.
Es verdad que están los Astiz y los Menéndez, los que se rindieron en el primer amague y los que no tuvieron dignidad para hacerse cargo de la derrota. Pero yo no me olvido de los pibes que fueron estaqueados por robar comida, o los que están sepultados en el mar después del hundimiento del Belgrano.
Yo no me olvido de Malvinas. O por lo menos creo que no debo olvidarme. No se olvide de Malvinas. Fueron 74 días de guerra y todavía hay gente que dice que este país no perdió ninguna guerra.
Quizás Malvinas sea la confirmación de lo que otros dicen de nosotros: que los argentinos somos buenos de a uno, que somos buenas individualidades. Como César Milstein, como Atahualpa, como Maradona, como los aviadores militares, verdaderos valientes, ingenieros del aire, como cada colimba que luchó sólo con su hambre, como Gardel, como Borges, como Cortázar. Como Sábato y Favaloro.Eso dicen de nosotros: que por eso hay argentinos buenos en todos lados y que, sin embargo, no hay una Argentina buena. Dicen que en equipo nos cuesta construir un país digno. Que de a uno valemos la pena pero que de a muchos damos vergüenza.
¿Será que necesitamos subordinación y valor para entender a la patria?
'-Papá, ¿es cierto que les robaban los chocolates y la plata que se juntó para los soldaditos? ¿Es verdad que ni las cartas les llegaban a los pobres? ¿Vos escuchaste a los periodistas que decían 'vamos ganando' mientras nos estaban destruyendo? ¿Se puede creer todo eso, papá?'
Insisto: Malvinas es un argentino desnudo frente al mundo. Sin psicoanalista que valga. Cantando en un acto de plaza de Mayo que 'tras un manto de neblina no las hemos de olvidar'. Gritando '¡Ar-gen-ti-na!' aferrados a una bandera con un sol de guerra, entre los tanques, entre las tumbas, entre los militares, entre los asesinos sin ver claramente qué ocurre más allá de nuestras narices patriotas.
Malvinas también es la plaza reprimida, es la plaza con la espalda rota a bastonazos, es la plaza de la protesta, del grito y del reclamo. Malvinas es también tomar conciencia, sumar el rock a nuestra cultura, pedir con Charly que no bombardeen Buenos Aires y cantar con León, entre miles de pibes temerosos en Obras, que sólo le pedimos a Dios que la guerra no nos sea indiferente.
A ese Dios que, como todos saben, es argentino. Todos lo saben, menos los ingleses."

Alfredo Leuco, periodista argentino.





2 comentarios:

lu dijo...

"seguimos ganando"

...

cómo duele la historia argentina a veces, no?

lu dijo...

siempre que tengo que elegir, salto por la ventana.

:)


pd. sí, sueño larguísimo