martes, 21 de abril de 2009

Aviones de papel

"Yo no quiero vivir siempre, yo sólo quiero vivir contigo. Ése es mi deseo, y ésa, mi ventana"

(Caótica Ana- Julio Medem)


Yo estoy segura, nosotros reencarnaremos en aviones de papel.
No podremos ser otra cosa, ahí está nuestro espíritu desde siempre, en esa sencillez que se humedece y se desarma queda nuestra esencia más profunda.
Es justo que volvamos al mundo de la mano de un niño que sueña con echar a volar, y rompe todos los cuadernos e ignora todos los preceptos y es sólo un niño con un sueño y ese sueño no es otro (no es más, no es menos) que el de volar.

Nosotros despegaremos junto con ese anhelo y caeremos tantas veces en picada, tantas como caemos ahora, en vida, sin ser aviones, ni papel, ni sueño. Será otra vez la lluvia la que nos tire pa'trás, la que nos apague y nos guarde, pero también la que prometa el próximo arcoiris y un cielo limpio que se deje surcar.
Bastará un soplo para partir hacia la aventura de vernos en otras alturas, y bastará un viento en contra para que volvamos otra vez, escapando de la intemperie.

Qué dóciles seremos, no necesitaremos más que el calor de una mano para sanar las alas y revivir, nada más que el espacio de una palma para nacer y ser de nuevo. Qué sencillos seremos, reclamando apenas una tregua de las nubes negras por si se les ocurre querer aguarnos el vuelo.
Estaremos llenos de preguntas, preguntas de toda la vida; cargaremos con nosotros los más sinceros mensajes de amor, que leerá quizá una niña en el patio de una escuela a la hora olvidada en que despierta la primera ilusión. No alcanzará el cielo para todo el amor que alzaremos a volar, pues tanto, tanto, será el peso que tendremos descansando sobre nuestras alas de papel irresponsable.

Nuestros serán todos los trayectos del aire por él nos deslizaremos como si nadáramos sobre el viento, para que nos acaricie y nos haga cosquillas hasta el fondo de nuestra entraña de turbina, hasta el final de nuestro corazón en pleno vuelo.
Planearemos por sobre la ciudad dormida, por sobre las cabezas frías que ya no imaginan qué habrá más allá, al borde de esta brisa.
Volaremos tan parejo, de la mano de todos los pájaros, y con ellos le cantaremos al día que se asoma sobre el cielo aquel en donde resistir es volar y hacerse al aire libre.
Otra vez, qué frágil será tu estructura y qué predecibles tus dobleces sobre tu piel blanca de hoja sin llenar. Nuestro precario material delatará que estamos hechos de poca cosa pero que somos algo más, otra vez algo más, que la suma de nuestras partes, pues saldremos de manos enamoradas y de sueños inconclusos.

Vamos a poblar juntos la atmósfera, a llenarla de aviones de papel, y nuestro será el reino de los cielos, en nombre de la infancia enamorada, de la ilusión esforzada y de las puras ganas de lanzarse a volar.
Entre los dos haremos que se justifique esta fragilidad de papel, porque acabaremos siendo millones revoloteándole la vida a los perdidos, zumbando memoria en todos los años nuevos, predicando la ternura de un sólo vuelo raudo por el más acá.
No dejaremos en paz ninguna ventana y nos colaremos en el sueño de los más taimados, a ver si así viramos el rumbo y evitamos las turbulencias. Aterrizaremos en las bocas para llenarlas de versos, cantos y besos, a ver si ellas también echan a volar por sobre el silencio y sus oscuros sicarios. Sobrevolaremos el odio y le cambiaremos el signo: truncaremos en flores cada golpe bajo, y cada noche cerrada será luminosa, como un cuerpo desnudo después del amor.


Reencarnaremos, digo yo, en avioncitos de papel. Y será aquella vida un regalo de las alturas, el capricho de un niño sin alas ni volantines, el deseo más hondo de escapar a mirar el mundo o lo que sea que haya más allá.
Volveremos a la vida como origamis descuidados, hechos de papel e inocencia, de nostalgia y un cachito de esperanza, que cruza los dedos por lo que vendrá.
Si hemos de reencarnar y es así el tiempo que nos toca, volveremos a ser los de siempre, vos y yo, y todos nosotros: la misma fragilidad que se desarma, el mismo envión de sueño, el mismo amor que nos sopla las alas y las mismas ganas, estas ganas puras, estas ganas locas, de echar a volar.


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