lunes, 18 de febrero de 2013
Un puerto en el mar
Hay un puerto a donde va. Conoce el mar como a mi lengua, como los bigotes de los gatos, como los colores que hacen a otros colores y que yo aprendo, como aprendo su risa, los botones de su pantalón, las curvas de su espalda.
Ha nacido antes que yo y conoce unas cosas que yo nunca vi. Me las cuenta como quien inventa ciudades del futuro y yo me olvido del abecedario por escuchar de sus mundos desconocidos.
Por ahí me lleva. Contamos hasta tres, tomamos aire y nos quedamos bajo el agua. En una burbuja me dejo un miedo y una pesadilla. En otra, el corazón atado a unos cascabeles que le soplo al oído.
Me cura los mareos y el respeto al mar. Me salpica coraje y algo de ternura, y es el suyo un mar de noctilucas que nos devuelven titilando a la costa. Me da la mano hasta el final del agua y de la noche, y a mí algo se me derrama adentro: hablo del revés, lloro en carcajadas, respiro entrecortado. Quiero hacerle poemas nuevos o robados, quiero inventarle en cuentos el país donde quepan sus ojos que saben sonreír y decirle que no conocía el mar. Y que gracias. Por sus manos, envolvedoras de las mías, sus manos que hacen el mar.
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1 comentario:
Que sigan los mares y las luces, que los puentes sean cada vez más altos, y se rebalsen todos los charcos.
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