'...Vengo más sangre y menos desierto
y ella más canción parece
y vamos como de la mano hasta lo cierto...'
una canción de K. García & C. Lage
No me acostumbraré a esconder la mano. La calle soy también yo, es también mi mano. En las plazas me enamoro, y en los naranjos de las veredas dejo caer la pena loca, pena tonta, de haber perdido el corazón.
Sólo por biológicas convenciones es que lo llevo bajo la piel: en realidad, a quién engaño, siempre estuvo por fuera, en el pecho, apuntador de la boca para que diga, motor de la mano, para que toque y conozca, con el tacto, lo que antes sólo le era dado imaginar.
El corazón en la calle, eso quiero yo.
No pienso negarle una certeza más a la ciudad. Quiero que lo cierto para mí sea cierto para todos, que se empachen todos, por un ratito, de mis verdades, de mis aciertos, de mi circunstancia feliz.
Quiero que uno de mis besos se quede enganchado de los cables y que mis luciérnagas enciendan los faroles del alumbrado público. Y que se mueran de envidia los policías y las señoras de barrio norte. Y que le crezcan alitas de colores a los nenes que salen del jardín y pueden verme y sonreír.
No voy a acostumbrarme a los secretos como si, por secretos, valieran más. Tampoco quiero hacer ruido vacío, ruido hueco. Quiero que mi voz tenga por garganta al mundo, que ningún vecino se queje por el volumen en el que canta, en el que dice, en el que siente. No voy a acostumbrarme a esos vecinos ni a lo que sea que se traigan entre manos.
Yo entre las mías traigo otras, souvenires de una primavera, calorcito hecho paz, rompiente de olas de bolsillo. Yo entre mis manos traigo el secreto de la magia que enseñan los ojos, el catalejo de hacer horizonte y una burbuja soplada de a dos.
No me acostumbraré a desnaturalizar lo que sana, lo que cuida y hace crecer.
Para mí no hay nada más natural que el calor de otra mano. Y es el amor un regalo, un brindis, una carcajada estruendosa, una cosa digna de ser nombrada, un amuleto, un verso para ser recitado, un perfumador de calles, una verdad acorazada, un corazón en lo cierto.
No me harán creer que es otra cosa. Nunca me acostumbraré.
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