jueves, 6 de diciembre de 2012

Hallazgo de alas


Me encontré un pajarito. Yo que nunca me encuentro nada, ni a mí misma, me lo encontré.
Apareció todo mojado de tormentas junto al zócalo del patio que da a la cocina. Redondito de humedad, las alitas encrespadas con agua de otros azules.
Es del tamaño del hueco de mis manos, y con su pico cerquita de mi oreja me roba una canción que más tarde hará canción de todas mis siestas. La misma que silbará para esos canarios soberbios que la señora de al lado se empeña en criar en jaulitas muy decoradas, como si la libertad se comprara con un par de chiches en la mejor pajarera.

Mi pájaro es un ave mucho más impredecible que esos canarios, porque tiene la posibilidad de volarse a cualquier parte. Sabe de la libertad, del ancho mundo, y aún así decide hoy quedarse conmigo.
Será, quizá, que al calor de mi tacto yo le conté que también hay libertad en el espacio chiquitito de unas manos, que la casa es chica pero el corazón es grande y todo eso que dicen los mayores y que, a fuerza de la misma vida que pasa y enseña, se vuelve la pura verdad.

Será que ese pajarito se me parece de alguna extraña manera, que él tiene en alas lo que yo en imaginación, que los dos nos vamos por las ramas, como buscando por ahí lo que de otra manera no habremos de hallar nunca.
O será, tal vez, que tres vidas atrás fui un gorrión asustado y él, la mano que me rescató del halcón. 

Vive en mi patio el pajarito que me encontré. Todas las mañanas salgo a ver si aún no se ha ido, si no lo conquistaron los cielos que aún no conoce, y los otros, los viejos hogares que por algún lado tendrá.
Porque, ésa es su libertad. Libre de ser pájaro es él, de dormirse a mi sombra o quebrarla de adiós. Es libre de encontrarme de mañana o de irse robándome los buenos días.

Confieso que me asusta un poco que decida el vuelo: yo me lo encontré, es cierto, pero eso quiere decir que puede volver a perderse mañana o cualquier día, como yo, que también me pierdo a veces.
Me asusta, sí. Anoche, de puro insomnio, dibujé con crayón las paredes desde el patio hasta mi cama, que es lo mismo que decir que hice un camino de colores desde sus alas hasta mis manos. Por las dudas. Por si un día se despierta desorientado y corto de memoria, para que sepa volver.

Es apenas un pajarito que me encontré, ya sé. Y sabe de libertad como sólo los pájaros saben, y vuela con piruetas en el aire, y yo no tengo nada que hacer. Ya sé.
Pero no pueden culparme por mi miedo y por mi empeño, por mis dibujos en la pared y mi insomnio. Después de todo, no cualquier pájaro cabe tan bien entre mis manos, ni me quita con tanta impunidad una canción del oído para hacerla silbo enamorado del verano, las alturas y los versos que todavía no inventé.

Me encontré un pajarito. 
No es novedad para nadie que un poco de alas y de trinos son lo mejor para cuidar un corazón.





2 comentarios:

Inquieta Manía dijo...

Qué hermoso que escribís! Y qué bello hallazgo de alas. Va a volver a tus manos, y ahí se va a quedar, seguro que sí. Ojalá!

La otra dijo...

Muchas gracias! :)
Aunque por momentos me asusta que parta, conmigo está y se queda, por suerte!