...Recordé cómo nos mirábamos los pies...
Detrás del ruido de las cosas quietas me levanto en puntas de pie
por no despertarte, donde sea que duermas,
donde digan las brújulas
que estés.
Afuera hace una noche de esas que ya no vienen.
Cuando tenga mucha plata voy a comprarme una parcela de imaginación
y cuando no alcance la voy a vender para conseguirme otra todavía mejor
y así, con ella, inventarme una manera de darte de regalo esta noche que te cuento.
Todavía no sé bien cómo,
pero se me figura que vendrá envuelta en ventana con un moño de lucero
que nunca veo y dicen que siempre está.
Hay, por ejemplo, un viento
que sólo cruza por aquí a esa hora.
Yo lo atajo, lo hago una pelotita y me lo guardo en el bolsillo
para mostrártelo cuando vayas a despertar,
donde sea que despiertes,
donde digan las brújulas
que estés.
Por eso cuando veas que me elevo
desde mis bolsillos y hasta el azul
es por el viento que te guardé.
Esta noche ya no es la noche del fin del mundo
ni la primera de los hombres.
Ya pasó el espanto y también pasó el amor.
Ya hubo que jugar a la mancha de sangre.
Ya vino el doctor,
Ya vendí mi usado en los clasificados,
ya aprendí la paz de no tener nada que perder.
De esperar y desesperar ya no se trata esta noche,
ni de las historias barrocas y oscuras de gente que se rompe.
No.
Ésta es la noche de la mitad de mi vida,
ni la borrachera adolescente ni el sobrio vaso de agua.
Ésta es la noche para sentarme en el marco de la ventana
descalza,
desnudos los pies de todo lo que han visto
de lo que les queda para andar.
Siempre voy a estar descalza
y siempre voy a querer que te descalces también vos.
Ése es el trato.
Soñaré otra vez con la serpiente que me mordía los pies
Y me los morderá.
Pero siempre voy a estar descalza.
Del suelo a la cabeza
Y del cielo a los pies.
Des-cal-za.
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