sábado, 15 de octubre de 2011

El lado de atrás

Detrás de las cosas, pasan cosas. Y tendríamos que tener ojos en la nuca para darnos cuenta. Pero que pasan, pasan.


Los que tenemos problemas con mirar para adelante, a menudo somos distraídos testigos de las cosas que están pasando todo el tiempo, sin prisa pero sin pausa, allá atrás.


Yo he visto manchas de la pared guiñarme un ojo. Hombres sensibles vestidos de economistas. Discusiones a las puteadas que eran, en verdad, besos escondidos.
He visto amurallados que no eran más que niños miedosos, corazones-coraza.
Detrás de las cosas hay un mundo, yo le he visto.


Vi el verdadero nombre de la tristeza, la toqué, le di la mano, me resigné a tener que llevarla en los bolsillos con sangre y humedad de llanto.
Vi mujeres con sus verdaderas caras, antes de salir a la calle para demostrar que los golpes no les duelen, que el maltrato es sólo ilusión.
Vi tu cara en lo oscuro, que era la misma, pero diferente. Viendo el detrás de las cosas, supe que la oscuridad suele iluminarla. Así te vi a vos. Con más luces.


Mi ejercicio de cambiar de ángulo a veces duele: detrás de las cosas hay otras que no siempre sanan, no siempre reconcilian con la vida, no siempre son envión del futuro.
Muchas veces vienen manchadas de fracaso, son las cosas que la gente esconde, las que nadie sabe llevar al frente porque asustan o porque no sirven o porque hacen mal.
Detrás de las cosas, todas, suele estar el miedo: de ser, de hacer, de subir, de bajar, de saltar, de quedarse quieto. Y el silencio, las cosas que no se dicen siempre van a parar a algún baúl de atrás. Eso es verdad desde la primera mentira del mundo, y desde que nos hacemos grandes y guardamos para siempre el grito pelado de cuando vimos las primeras luces, ese que decía '¡aquí estoy!'.


Pero no voy a ser injusta. Cuando veo el detrás de las cosas, también veo algunos colores. Porque, hay que decirlo, hay secretos dulces e inocentes porque acercan bocas a oídos, porque acercan gente que comparte palabras que los desarman y los dejan indefensos y desnudos, como somos cuando somos nosotros mismos.


Y el miedo, piel de gallina, a veces sabe inventarse sus refugios. Y refugiarse es una cosa que hace bien, mientras que no se haga costumbre, o se quede siendo una mala costumbre de las que ayudan a andar.


Detrás de las cosas late otra vida, escondida.
Y yo a veces me entretengo viéndola pasar.



2 comentarios:

DoggyBob dijo...

Que lindos los suspiros. Me sigue sorprendiendo el navegar por Blogger y encontrar tantos sitios mágicos.

"El detrás de las cosas", un concepto genial.

Silvina dijo...

Hermoso, profundo, sincero...
El miedo queda siempre del otro lado de las cosas, es cierto, pero también es cierto que de ese mismo lado quedan colores, quedan los secretos, queda la escencia de las cosas cuando están "indefensas y desnudas"...y hay que animarse a ellas.
¿Sabe que pienso de los refugios? Deberían ser varios... pa saltar de uno a otro cada tanto, así ninguno se hace mala costumbre. Deberían ser sanas excusas, pedacitos de luz, destellos en la oscuridad, los barcos que hace falta pa no andar a los manotazos...
Si anda ud de un lado al otro, viendo los mundos que quedan detrás, corre con ventaja...
Se la quiere.
Abrazo!