Arrastro sombra
le he dejado manchones oscuros a mi vereda
que, si se miran de cerca, son agujeros negros
por donde van a caer las cosas rotas y viejas
que ya nadie quiere más.
La arrastro hasta mi puerta, hasta mi cama
me envuelvo en un capullo gris de sombra y sábanas
y respiro un profundo sueño pesado y pantanoso
hecho de niebla postergada y densa,
esa que araña.
La sombra me habita el pecho
y va amarrándome los latidos
sístole y diástole al oscuro ritmo
de una sombra que me puebla siempre el centro
y me vuelve en noche
todo amor, todo olvido.
Arrastro sombra hasta el desayuno
y viaja en mi mano a la mano que recibe mis monedas,
mis apretones de 'encantada-de-conocerte',
mis empujones impacientes.
Llevo sombra a donde voy,
ensombrecida sin querer,
que hasta en los besos distraídos
o en la mirada más esquiva
voy dejando mi caudal de oscuridad inofensiva.
No sé qué quiere decir la sombra que arrastro
y me asusta que no me deje ni con el día.
Hay sombras que son penas que,
de puro tristes,
se hacen oscuridad que camina con nosotros
negra parte nuestra que se nos hace charco en los ojos
y entonces vemos, y nos hacemos ver
con sombras derramadas.
Hay sombras que son penas,
esquivas, engañosas, intangibles.
Hay penas que son sombras,
penas que no se tocan.
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