domingo, 31 de julio de 2011

Igual que una casa



Han empezado a caerse los techos, a rajarse las paredes y los pisos tienen unas grietas como hasta el centro de la Tierra.
Hay goteras por todos lados: la casa transpira veranos que ya se le perdieron.
Y la humedad es el llanto contenido, concentrado, el que mancha.
Y la tristeza es el olor encerrado en esa casa que de tanto pasarla ya nadie ve.
Una casa en una vereda vieja y de siempre. La casa que es siempre la misma. Pero más rota. Pero más triste. Pero más sombra.


Ya no tengo a dónde volver. Cuando la piso, me hundo en ella y ahí me quedo. Así me quedo. Igual que mi casa.



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