domingo, 19 de diciembre de 2010

Las partes, el todo

De volver tarde me acuerdo. De los dolores de cabeza. De las siestas. De haber sido siempre el que quería escaparse. A verla. Y al fin-del-mundo, ida y vuelta.

Me acuerdo de perder al teg y de pedir revancha. De los caramelos que me alcanzaba para comprar. De pintar corazones. De haber sido siempre la que espera. A él. Y a todo lo que fuera a venir.

Tengo una imagen como de espejos adentro de espejos, no sé si la leí, la vi en la tele o fue cierta. Nunca me gustó el ajo hasta que ella se murió y entonces empezó a oler como su cocina, como sus manos, y hoy como y me hace llorar. Me suena una conversación sobre aparecidos de noche en el cerro, que revivimos alguna otra noche en un bar, y al borde de su cama, y en el asiento de atrás de un 6 destartalado.

Me vuelven cosas con el ruido de los trenes, de cuando vivía detrás de las vías y pasaban a la hora en que yo me escondía del cuco. Tengo a veces sueños en que sueño que soy yo hace años soñando con el mundo de las tarjetas postales. Me acuerdo de mis ganas de hacerle una canción. De aceptarle una curita para mi rodilla, sin saber de los tropezones que vendrían, los que serían suyos también, los nuestros; sin saber de la ironía de que fuera suya esa curita; sin saber de la sangre que se mezcla, de los dolores que ensucian, del principio y el final.

Retengo pocas cosas, la memoria se me retoba cuando le pido de más. Pero no se me van los detalles de las mudanzas, el sentimiento desvelado de que mañana es el día de empezar la otra vida. No me olvido de cuando me bajaron la ilusión de un hondazo, de que justo fue a ser verano y el calor no me dejaba pensar. Me acuerdo del helado de dulce de leche en la plaza que me devolvió los colores, y del viento que alguien me regaló, ese que sopló de pronto y desde ninguna parte, para volver a respirar. No me olvido de haber levantado del suelo mi nombre, tan pisoteado, de haberlo sacudido, y de ponérmelo otra vez, como me enseñaran mis mayores. De eso no me olvido más.

No necesito hacer mucho esfuerzo, los recuerdos me quiebran con facilidad: me hacen guiños cuando voy por la calle, se reviven en las palabras de otra gente, son el fondo de un aroma, o la historia detrás de esa cicatriz. Tengo frases exactas titilando como luciérnagas. Eso que te dije antes del portazo. Eso que pensaste y salió diferente, eso que era una pregunta y sacaste en forma de promesa. Lo que mentía para poder salir. Las verdades que no me salían si miraba directo a los ojos. Tengo registrados en las canciones los versos en que cambiaron los rumbos, cuando se torcieron los pronósticos. Quiero decir los besos. Quiero decir la mirada. Quiero decir sus gestos y lo que tenían de suyos, de para mí.

No me olvido de mis pies mojados, de secar los suyos. De las peatonales y los algodones de azúcar. De creer en los azares y de descreerlos apenas no la encontraba detrás de aquella esquina. No me olvido nunca de la canción que me hizo y las luces tenues del bar donde la escuché la primera vez. Nunca me olvido de querer salir corriendo, de querer preguntarle cómo fue que quiso olvidarse de mí. De hacerme más fuerte en la tormenta y besarles la espalda sin pedirles nunca que se quedaran, que se quedaran conmigo. Muchas cosas se me resbalan, menos ciertos desvelos, rompiendo cartas y desgajando aciertos que ya no sirven más. Menos la verdad de haber sido inquieto, el haberla cagado tantas veces (eso que dicen 'pasos en falso'), el perderme camino a casa, el empañarme, el año del calendario que decidí arrancar, la historia que no me publicaron, sus iniciales en los números de un boleto de colectivo perdido en el bolsillo de ese viejo pantalón.

A veces necesito abrazarme con más fuerza. Hay cosas que me parten en dos, yo no sé porqué. Los caramelos de menta y chocolate, el bar de la facultad. Cosas que siento como de reojo, que se me despiertan alguna mañana. De cuando nos empapábamos y me secaba los pies. De la luz amarilla de los faroles que iban a la casa del amor más temprano. De las mantas de colores que me tenían escondida y protegida. Cosas que quisiera retener, algunos consejos, las recetas del ser auténticos que me daban mis viejos, las almendras tostadas, el día que me leyeron de la mano que no estaba lejos lo que buscaba yo. Cosas que me calan hasta los huesos, las que se me hicieron miedo en la boca, las del balbuceo, las que me sacaron a besos o a empujones, las del grito. Por favor. Te quiero. Cosas que no quise repetir. Y tanto y tanto volví a decir.


'...Fly the ocean in a silver plane...See the jungle when it's wet with rain...Just remember till you're home again...you belong to me...'



'...Tu viendras longtemps marcher dans mes rêves...Tu viendras toujours du côté où le soleil se lève...Et si malgré ça j’arrive à t’oublier...J’aimerais quand même te dire que tout ce que j’ai pu écrire...Aura longtemps le parfum des regrets...'



No me olvido de haberte dado una curita. No me olvido más.

Me acuerdo de hacerte esa canción. Siempre me acuerdo.


Y así es como nadie se olvida. Como nada se olvida nunca más.


2 comentarios:

Val dijo...

Me hacés enojar. Me dejás sin palabras y quiero, y quiero con muchas ganas, pero ya no encuentro ni una palabra acertada para comentar. Mejor me voy en silencio (pero llena de sonrisas y luciérnagas encendidas).

La otra dijo...

No te enojes!
Bueno, un silencio de sonrisas y luciérnagas no está tan mal...eso es porque hay palabras atrás.

Me alegra que te haya gustao :)

saludos!