Me arremangué. Busqué hojas sin renglones (que son mejores para escribir el amor). Puse a sonar la banda de sonido de Cinema Paradiso. Lloré. Me enamoré de nuevo. Y empecé a escribir.
Nunca escribo cartas. No las entiendo, a mí me gusta abrazar o putear, pero todo aquí y ahora, mirando a los ojos, que es algo que puedo hacer.
Pero resulta que hoy empiezo a mirar otras cosas, o de otra manera, y necesito acomodarlas en un papel.
Soy malo para tantas cosas, que no lo creo cuando empiezan, de pronto, a salirme bien. Y, entonces, sólo por eso, por no creerlo, empiezan otra vez a salir mal.
Como ahora, que te empiezo a querer y que, como te quiero, no tengo nada mejor que hacer. Y nada hago.
A veces te llamo, sí. Y te repito cuando no me vienen las letras para hacerte una canción.
O te nombro en otros nombres, eso hago yo, que tan bien me salen las cosas que van escondidas.
Yo hago trampa para que nadie sepa que en mi duda dormís tan cómodamente. Yo te cuido de la sospecha, también de la mía, y no le cuento a nadie, a casi nadie, que no nos dijimos nada, aunque lo grave será siempre eso, y que hubiera debido hacerlo. Yo tendría que haber hablado.
Pero como te quiero, o eso quiero creer, te lo digo otra vez, en varias palabras, en diversos escenarios. Te lo vuelvo a decir.
Y te digo también que tenés otra luz y es de un brillo que marea. Que me madruga pensarte de mañana haciendo todas las cosas que yo duermo, planeando viajes que haremos alguna vez sin más equipaje que un diccionario y un salvavidas, tu arrojo y mi descaro.
Todo eso te repito, con insistencia y temblor en las piernas y la voz. Pero lo digo, así nadie pueda reprocharme que no sé mirar, que no vi los guiños, que desoí al viento, que me olvidé de hacerle caso a las flores de alguna incipiente primavera.
Cierro los ojos y viajo a verte: siempre que vuelvo a nuestros lugares, los de las despedidas, te lo digo todo de una vez. Y no sé más de las posibilidades, ya sólo entiendo de la buena opción, que es decir y que el resto se tuerza como mejor le parezca, que todo se rompa y empiece de nuevo, a ver si algo cambia de una vez.
Pero ahora, como te quiero, no puedo hacer nada mejor.
Habrá que querer menos y hacer más. O explicar... Y cómo me explico yo que, de no saberte cierta, te quiero todavía más, y que, entonces, otra vez, mejor sería sacarse y colgar en la puerta el corazón. Y suspenderte.
O dejar que te me seques, allá, donde ya no te vea más.
Tal como suele hacer, mi amigo se la entregó sin abrirla. Así de plena y pura es la confianza que tiene en mí.
Eso fue anoche, y todavía no sé nada de él. Ni de ella. Ni de mi carta.
Qué incendios o qué temblores, qué portazos o qué flores traerá mi carta. Quiero decir, la suya. Su carta.
5 comentarios:
Me encantan las cartas de amor, soy muy directa, y me gusta mas la presencia y el amor a chorros saliendo de mi boca para ver como sus ojos reponden ante mis palabras, pero las cartas... son lo mejor. Trozos de uno que a veces no son posibles de dar al otro, por las circunstancias que sean... y siempre llevan dentro algo mas que nos dejamos en el tintero, aquella vez...
Me ha encantado. Sigue con la correspondencia, es un ritual de antes que pocas personas tienen ahora.
BSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
Probablemente aún a estas horas, estén pegados en piel, bajo las mismas sábanas, porque de lo contrario no tendría fuego aquella que abriera el sobre y leyera estas letras.
Tranquila, espera un poco, que ahora no se les puede molestar.
Seguiré con la correspondencia, los encargos, el amor, los amigos y lo que con todo eso venga :)
¿Vos también escribís cartas?
besos!
..........
Te cuento, ya hablamos con mi amigo... Las novedades son buenas o malas, según se mire.
Los mantendré informados ;)
Besos!
Cinema Paradiso... me hace llorar siempre, o casi siempre. Y anoche mientras las esperaba se me perdió la mirada entre los barquitos de papel cuando escuché Love theme for Nata, detalle que advertí al instante y anoté en el rinconcito de mis "pequeños detalles que hacen a la felicidad".
Son geniales, geniales! (y tienen un regalito en mi blog n.n)
Siempre lloro con Cinema Paradiso, me gusta mucho...
Debe ser que la elegimos por eso que decía Alfredo, casi al final...'lo que hagas, ámalo, como amabas la cabina del paradiso, cuando eras chico'.
Será que en eso estábamos anoche intentando conjugando este presente con lo que venía atrás, atando con piolín y tanza barquitos, aviones y volantines, volviendo a la primera canción, la que nos inventó las ganas de cantar.
Un gusto que lo compartieras con nosotras!
(+información, allá donde está el regalito!)
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