Quiero contarte un cuento lleno de ventajas.
La primera ventaja es cuando llega el final del cuento, no se acaba,
sino que cae por un agujero
...y el cuento reaparece en mitad del cuento.
Ésta es la segunda ventaja, y la más grande,
que desde aquí se le puede cambiar el rumbo...
Si tú me dejas....
Si me das tiempo.
Es viejito, con las puntas ajadas y las hojas amarillo-bilirrubina. Tiene tachones y borradas brutas, de esas que lastiman la gomas en su lado azul, las de tinta. Con todo, siempre está mal escrito, porque es apurado y no repara en los acentos o los puntos sobre las íes. Pasa derrapando y siempre se escribe con esas lapiceras falladas que escupen manchones por todos lados.
Mi cuento se me queda en las manos: me lo encuentro antes de comer, cuando me las lavo y me cuesta horrores refregarme las metáforas gastadas que repito como un brindis de borracha.
Llevo años con él a cuestas, es un pesado y un verborrágico, no para de inventarse cosas. Se me mete entre la funda y la almohada para interrumpirme el cálculo de ovejas, y, en cambio, empieza a maquinar. Es el rey de las posibilidades, hace malabarismos con hipótesis imposibles. Y si... ¿Y si otra fuera la historia?. Ningún giro le viene bien. Quiere que lo escriba con mayúsculas y colores, aunque no tenga ni dónde caerse muerto. Se da aires de tornado y es menos que un silbido, el pobre.
Pero, al final, es un buen cuento mi cuento. Es tímido y cabizbajo, como yo en la víspera del encuentro, e igual de inconcluso. Yo también me quedé en el nudo, el del estómago, el de la garganta, el de siempre que fue la primera vez que te vi.
No tiene título, pero sí que tiene nombre. Tiene nombres, miles, y siempre se vende al mejor postor. Sabe que los cuentos son para quererlos, para adueñárselos, para que alguien levante la mano y se lo meta en el bolsillo. A él le encanta que lo paseen en bolsillo por la ciudad. Por eso se deja tatuar cualquier nombre, con indeleble, no importa: que se sepa que fue tuyo, que se sepa que eso fue un borrón, y que ardió la hoja arrancada (como me ardiste vos, alguna vez, algún párrafo), y de ahí que hay dejada tanta sangría.
Mi cuento tiene palabras que son nombres completos, son las que digo y tiemblo, son las que me viajan y me escriben a mí. En mi cuento, los amigos asoman por los renglones y están sus cuentos, como muñecas rusas, envolviéndose al mío.
Mi cuento es todos los cuentos que me contaron, los que se me fueron enganchando a los días, los de dormir, los del espanto más cierto, los que recitamos en ese preludio de un beso.
Tiene manías de caprichoso y él solito quiere contar.
Después llora, hace pucheros, tiembla de miedo. Dice que se quiere cambiar de idioma, que se aburrió de escribirse igual, que tengo que variar. Dice que es un mediocre, que necesita aire, que cómo no pruebo con menos prosa y más verso, que soy una inepta que no sabe pasar del sueño a la poesía, y que qué culpa tiene él.
Yo lo leo callada. Y lo cuido...Qué más puedo hacer... Es el único cuento que tengo. Los demás son de mentira, van y vienen, no saben nada de mí.
Éste, en cambio, tiene el olor de mi cuna, porque fue, siempre ha sido, mi beso de las buenas noches, mi refugio anti-sismo. Es el amuleto casero que protege al que decide creer. La ternura prestada de las voces que extraño yo. Es mi canción retobada, hecha tinta y sin sonar.
Y en todo lo que falla, en sus blancos sin llenar, es también, y sin querer, tu posibilidad. Porque sus huecos son los que me avisan que ya llegarás.
Es el cuento de mi vida. Dice todo lo que digo, con peligrosa seguridad. También dice otras cosas: si lo acariciás entre líneas, si le hacés cosquillas en algún perdido renglón... Él dice por lo bajo todo lo que callo yo.
3 comentarios:
Bien, yo quiero que me cuentes ese cuento, o mejor aún, lo quiero impreso con generosas ilustraciones y bibliografía de la autora en la solapa.
Los cuentos con agujeros son mis preferidos (quién mejor que tú lo va a saber) y la ventaja de sus ventajas, es que sus palabras traspasan fronteras y cuando lo acabas (si quieres acabarlo algún día) abres los ojos y te ves frente a un faro abrazado a una ardilla.
Cuenta, cuenta, cuentista.
Hermoso lo que escribes, tus cuentos siempre me hacen soñar y llevan mi mente a mundos desconocidos y que nunca habia imaginado. Hacen dejar mi mente volar y es algo que me encanta, aunque se que muy pocas veces en verdad tengo los pies en la tierra.
espero pases por el mio tu tambien
http://abzurdahzenizientah.blogspot.com/
besos y abrazos
Qué bonitos aires que me mandás, india!
Me suenan a una isla (que no es una isla, sino una tapadera que flota en el mar), a avioncitos de papel, a ojos que se enredan, y a tierra, a tierra bien roja...
A ver si me das una mano, y las generosas ilustraciones quedan en las tuyas (porque esta servidora no logra pasar de los hombrecitos-palo!)...
Un abrazo fuerte
¿Navidad sin dulce de leche? Y eso dónde se ha visto! ;)
...........
Muchas gracias por lo que decís, maría... Me gusta saber que de alguna manera estas palabras acompañan...porque entonces yo también me siento acompañada.
Ya me daré una vuelta por tu casa ;)
besos
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