jueves, 6 de mayo de 2010

Cerrando el paréntesis

Andaremos todos por ahí, desperdigados por el mundo haciéndonos guiños desde internet…
¡Es tan raro! Sólo ahora pienso en la suerte de haber vivido toda mi vida en un mismo lugar: y es que mis amigos, mal que mal, están todos amontonados dentro de una distancia mas o menos salvable a pie, en bici o en auto, eventualmente. Tengo tantas puertas para tocar, una seguida de la otra…
En algun punto creo que una va naturalizando las cosas que antes sólo podía soñar. Como sentarse frente al Mediterráneo. Como pasear a orillas del Sena. Como abrazar a mi amiga catalana despues de 5 años de contárnoslo todo. Una va naturalizando que el mundo es enorme y torpe, que el caos es el orden más lógico y que Babel es un poroto al lado de lo que hay hoy por hoy.
Volver es siempre volver: eso que me pasé meses pensando en medio del frio y de la noche apurada, que llegaba a eso de las cinco de la tarde. Yo sé que el regreso tiene su parte de gloria, y a eso no se lo quita nadie pero, ahora, tan de sorpresa, aparece el gusto agridulce de partir… Y esta vez, sin promesa de regreso.
Ningún punto seguido. Lo que estamos haciendo es cerrar un paréntesis, un largo paréntesis hecho de meses y cuya lengua oficial venía siendo siempre el francés. Mechado con inglés. Y con italiano. Y con español desvelado y entre copas…Al final, como decia Benedetti, también la vida es un paréntesis, y esto fue la vida de este lado del mar, lejos de la casa y el árbol.
Antes de salir me dijeron que el ser humano tiene una capacidad de adaptacioón sorprendente, que no me asustara porque llegaría el día, sin que yo lo buscara, en que terminaría por adaptarme. No sé bien qué signifique, en este caso, ‘adaptarse’ ¿Quiere decir cambiar o ceder moldeándose a lo que haya que vivir? En ese caso, no sé si me adapté…O quizá sí, un poco.
Lo que sé es que un dia, me sentí mas cómoda. Así de fácil (o, en realidad, mucho mas difícil de lo que suena). Un día no me dolió tanto estar lejos. Ni pensé en la identidad como algo que corría peligro. Ni me rompí de estar triste lejos de mis amigos. No sé porqué, pero un día le cambié el signo, me saqué los anteojos del destierro y me puse los de la huida: y entonces lo vi todo más claro. Seguí el juego y llené el pozo con todo. Todo.
Todo eso que hoy tengo detras de los ojos, como fuegos artificiales prendiéndose y apagándose, uno detrás de otro. Lo mismo que tendré que ordenar cuando me pregunten ‘cómo me fue’, ‘qué me pareció’ o ‘si fui feliz’.
La Sorbonne bajo la lluvia. Los paninnis bajo el sol. El frio en Londres. Los trenes partiendo. Los trenes en huelga. La Part-Dieu. El Rhône lleno de luces. Mi viejo y el Pont des Arts. El mercado de cerca de casa, la cajera y ese acento. La cerveza más barata. El vino tinto. El vino rosado. Los quesos después de la comida. Anita, cuando decía ‘iwiiiu’. Antonio, cuando charlamos esa noche de diciembre a las 2 de la mañana en el kiosque. Y esa plaza.
La vista desde Montmartre. La vista desde la abadia de Saint Michel. La vista desde mi cuarto capicúa. Las clases intragables. Las clases de cantar con la guitarra. El monoambiente de Paula, donde entrabamos ocho desparramados por el piso. Las pizzas gigantes que pedíamos por teléfono. Euronews a las 7 de la mañana. El hielo y los tropezones. Ver pasar las horas, girando como un lavarropas, en la laverie. Todas las frases y ‘voiiiiiiilà!’. El lago de Bouvent y el plan eterno de ir al monasterio de noche. El paisaje desde el tren Bourg-Lyon. Raconte-moi la terre. Las callecitas del viejo Lyon y su qué sé yo, viste. La magia de ver a mis viejos esperándome en el andén. Le sablier, ese barcito con música en Rennes. La locura de Marseille. La carta que me dejara mi abuelo. Caminar por Toulouse, ciudad de colores. El mar en Nice. El mar. El mar. El mar.
El sofa cama de la Ceca y el año nuevo en español. Las charlas con Gem y esa satisfacción de saldar cuentas con una misma. Todos los museos en Paris. Sarte y Simone. Cortazar y El exilio de Gardel. Amélie.
Los idiomas, todos. En la calle. En los barrios. En mi casa. La gracia del malentendido. Las coincidencias de palabras y de pensamientos. Internet y las novedades desde lejos. La canción que tardé en escribir. Brassens. Tryo. Cantar y que se pudra todo. Y luego dejar de cantar por tristeza, por bronca, por falta de costumbre. Los planes. Los nuevos planes. Las historias de los otros. La familia y los árboles genealógicos. Romperse. Volverse a armar. El humo. Los tragos. La esquina verde del Galway. Los tramites eternos. Las palabras que faltan. Cuando lloraba antes de dormir. Cuando soñaba que volvía y nadie lo sabía. Cuando llegaba corriendo a la gare. La musica del timbre del liceo. Las preguntas de los chicos y el español con acento francés. Vivir con una rusa que vive sola. Las comidas agridulces de los franceses. La tartiflette. La nena del parque que se quedo oyéndome cantar. La fuente de la place Bernard. El empleado de la mairie que me hizo la vida imposible, pero le gané. La cara de culo del vice-director. Escuchar a mis amigos del otro lado del mar. El frio que gasta. El dia en que empezaron a salir las flores. La fiesta del Beaujolais. La fiesta de Saint Patrick. El “J’ai Jamais...”. La gente preguntándonos a Antonio y a mí en qué idioma nos comunicabamos: nosotros respondiendo que en todos. Las películas de la noche. Las clases a las ocho de la mañana. Los mails que contestar. Los mails que no llegaban. La maquina lenta y la cabeza a las corridas. Cooking with Quentin. Decir “c’est dommagio” o “à quelle heure do we meet tonight?”. Decir “Tu vas me manquer”. Ser extranjero. Ser nuevo. Ser otro, o jugar a serlo. Escuchar pronunciar (bien) mi apellido. Escuchar pronunciar (mal) mi nombre. La primavera en Bourg. Los Alpes. Las idas y vueltas. Las vueltas a casa. La casa, nueva, otra, también casa y en francés, chez moi. Chez moi.
Qué sé yo, las cosas llena-vacios, las cosas que hacen al caos y el caos que es el orden. Es siempre más complicado que esto, siempre es más dificil. No podría siquiera intentar decirlo en francés, esto que siento, esto de que algo se me estruja de tener que salir, otra vez, como si el tiempo se hubiera detenido. Y no es cierto. Todo siguio andando o, peor, todo corrió, a velocidades descomunales y yo todavía no lo alcanzo. Corrí una maraton que nadie vio. Y es para todos como si siguiera allá, esperando cruzar la línea de partida. Aunque no sea estrictamente asi, aunque si haya quienes me vieron correr, aunque si haya otros corredores fantasma cerca mío. Ellos, los demás, los compañeros de ruta. Los desperdigados, como yo. Los que compartieron conmigo el paréntesis y el esfuerzo por hablar francés. Los amigos del mundo, perdidos en su geografía que no es la mía. O tal vez lo sea un poco, también, quién sabe: al fin y al cabo, estaremos hechos de los relieves que pisamos...¿O será que nos vamos dibujando por dentro el mapamundi que queremos ver? Yo quiero uno sin distancias: ya hace muchos años se lo hice decir a Zoe y no me escuché ¿Como puede ser que haya gente que nunca más vayamos a ver? ...Y si no es tan así,
¿cómo hacemos para saberlo con tiempo? El plan es siempre volver, dejando que pasen algunos años. Y otra vez que sea lo que viene siendo, porque hay cosas que si cambian es porque no sirven o porque son mentira o porque estamos todos locos: todo lo demas, está en su sitio.
De sitios es casualmente el problema. Irse y volverse es cambiar de sitios. Y es también cambiar de piel. Duele un poco mudar tan seguido las valijas y la piel. Duele un poco pero de despedidas y reencuentros nos vamos haciendo, todo lo que sea levantar la cabeza y pensar fuerte en un momento.

2 comentarios:

Pájaro Africano dijo...

Aún te queda un paseo pour l'Espagne...

Me suena curioso cómo te resultan novedosas cosas que para mi son normales. Espero algún día poder disfrutar de la para mi novedosa óptica del océano echando de menos el mar... la mer, qu'on voit danser le long des golfes clairs...

Un saludo desde este lado del charco

Ceci dijo...

hermosas nostalgias, hermoso presente!
bien sur! voilá!

que sea el mejor recuerdo de todas tus aventuras anita!

feliz 200 años!

feliz! de estar aquí o allá! pero estar!!!

abrazos!