En tu casa que tiene adoquines y cosas que no conozco bien; en tu casa hay cosas que no he sabido decir. O que no digo porque no me salen, porque no tengo ganas, porque me hacen mal.
En tu casa hay una mujer que llora en otro idioma, que es tu madre quizá, o alguien que se parece mucho a ella llorando, a ella que nunca llora y sin embargo ahora...
Y una nena, tapándose la cara con loas brazos porque entra mucho sol por la ventana y no sabe qué hacer con él.
¿No te entristece? Porque a mí se me hace un nudo el pecho de ver tu casa tan sin tus cosas. De ver tus cosas desparramadas por el mundo donde no estoy yo, o donde no llegan mis postales, mis buenos deseos de cumpleaños o navidad.
Tenés una casa luminosa pero oscurecida: no sirven los ventanales que dan al cerro no hay luz que alcance.
Los farolitos te los llevaste encancionados, y a eso no te lo perdonan.
Si buscás un poco más, seguramente hallarás que entre tus dedos duermen apagadas las luciérnagas de varios veranos. Y así es como, con toda la inocencia, te llevaste una estación.
No sé de abril, pero me consta que fuiste vos el que nos robó el mes de enero.
2 comentarios:
se me estremeció un poquito el pecho.
es hermoso lo que escribiste.
abrazos!
"...seguramente hallarás que entre tus dedos duermen apagadas las luciérnagas de varios veranos. Y así es como, con toda la inocencia, te llevaste una estación."
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