Te mando cartas. Te mando flores. Te envio décimas y sonetos en un sobre, y alli, suspirando por escrito alguna distancia, te mando el amor que no se cansa.
Te llamo en sueños, te cuento cada una de mis andanzas y, abrazada de noche, te doy pasajes de ida y vuelta y te lleno el correo de motivos para que vengas.
En un descuido puede que se me haya escapado la sombra, mi sombra torcida de nostalgia, la que se va con mi boca a tus rincones la que nunca me cree nada: y vuelve, siempre vuelve, a los sitios donde se siente en casa. Si la encontraras, qué sé yo, hecha un nudo en tu cajon, pedile que vuelva; contale que andar sin sombra es mas triste y mas solo, es mas largo que vivir del sol.
Aparte de mi sombra, te envio lo que quieras, cualquier producto de exportacion, cualquier motivo de sobra. Voy a mandarte los que tenga cerca, lo que te nombre sin hablar (porque, ya sabemos que hay cosas que estan siempre a los gritos, que nunca hablan por hablar).
Te paso la luz de las persianas, luz de invierno, que es cosa seria y simple, buena y necesaria cosa. Te mando la luz que hace falta.Te enciendo una luna en la ventana, una luna que venga cuajada de guirnaldas, de cuentos para chicos, de camas sin tender.
Te apago de un soplido, como a una vela, que se queda sin color, que cumple los años todos para atras, velando la noche, barco sin vela, foto velada y rota de ayer. Pero no te asustes, al final siempre te enciendo y te vuelvo a querer.
Te mando las cosas viejas, las que todavia sirven o nunca se echan a perder. Te paso momentos del dia (aqui todo es mas tolerable bajo el sol) o, no sé, lo primero que quepa en un sobre y el correo vaya a aceptar cargar. Yo no hablo de fotos, eh? Quién quiere una imagen plana si el mundo viene hecho de historias y de cosas que invitan al abrazo? Enviarte fotos seria como contarte el cuento a medias, o como mentirte la otra mitad. Yo quiero que recibas las cosas en carne viva, asi como se viven, como es el amor sin decorados, la experiencia pura y dura: el misterio de lo otro, la lengua que se nos hace voz, el frio.
Si, también el frio, ese que cuando se vuelve sentimiento se llama miedo y viene en comodas cuotas maniana de por medio. El miedo, o sea, el frio, tambien viaja para caer en tu buzon y que lo abras y sea sorpresa que todo lo comparto con vos.
Algun dia de estos lo vas a encontrar empachado al pobre (al buzon), vomitando cartas, notas, sombra, luz y frio.
Lo vas a encontrar del revés, pensando en lo que ha sido... El primer buzon nostalgico que ha habido!
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