El mar estuvo siempre. Se harto de mirarnos pasar, de ser lagrima y promesa.
El mar se harto, y se sigue hartando, de ser el que nos separe: a todos, de todos.
Yo digo, entonces, que se rie cuando nos ve cruzarlo. Que se rie y piensa que la jodida distancia se lo tiene bien merecido por mala leche.
He aqui, entonces, el otro viaje. Algo asi como el trazo que le andaba faltando a cierto circulo cachuzo, mal barajado, mal dibujado.
He aqui el renglon que me toca escribir, a mi, que tengo tan pocos recursos para que termine sonando a buena poesia. Viaje de miedo y alguna sombra. Viaje que no recuperara el pasado pero, en una de esas, quiza, lo actualice. Porque esta todo tan roto, tan mandado a guardar, que yo no se si sirva para lo propuesto.
Servira, tal vez, para inventarse el camino que falta, para verlo aparecer detras de algun cerro que me lo venia tapando. Yo no sé.
Mientras tanto, son las cosas las que salvan. Ni los lugares ni los tiempos. Son las cosas.
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