jueves, 12 de marzo de 2009

Quiénes vendrán...


Quién escribirá por nosotros, me pregunto yo, el día que nos cansemos o cuando tengamos algo mejor que hacer.
Quién se reirá de nuestros borradores, de nuestras verdades impublicables, irrenunciables, impostmodernizables.
Quién confiará en que, al final, éramos unos buenos muchachos, a pesar de las torpezas y las incertezas. Y sabrá que lo mío fueron todas corazonadas, como salir a volar barriletes en la tormenta, como elegir quererte y pedir todo lo del menú sin hojear siquiera los precios. Y entenderá porqué no cambio uno solo de mis moretones.
Quién se acordará de las flores que cortamos de los jardines vecinos y nos perdonará el atrevimiento.
Quién admitirá, con respeto y alguna que otra nostalgia, que va a extrañarnos y efectivamente nos echará de menos alguna noche de peligrosa serenidad.
Quién dirá, por ejemplo, que fuimos buena gente y unos ilusos (por no decir 'pelotudos'), que nos quedamos a medio camino de casi todo, mirando el paisaje, sacando fotos y jurando volver.
Quién para hacer nuestra merecida banda de sonido, melodías que cuenten la historia del miedo a quedarse despiertos, de los días a orillas del delirio, de besos tibios y la tristeza desbordante de llorar con los amigos. La música de nunca acabar, una que rompa la calma y luego la siembre, como única solución.
Quién encontrará nuestros zapatos, nuestras agendas y las ganas que tuvimos de crecer. Porque alguien, no sé yo quién, va a reírse de eso que te dije dos minutos antes de querer huir, de los fantasmas que juré que había bajo la cama, de mi dos más dos son diez.
Quién para convencerse de que nuestros garabatos, así de tartamudos como son, tienen mucho de que hablar; que no es alergia a las victorias sino que, si es a cualquier precio, preferimos perder. Porque al final no lo perdemos todo, al final siempre volvemos a arrimarnos a las sombras, a lo que queda aún con la casa desvalijada, al día de mañana, a los restos de todos los naufragios. Porque al final, aunque no nos lean ni nos escriban, ni nos llamen ni nos rediman, ni nos extrañen sin remedio ni se rían por no llorar, al final no perdemos. Nunca perdemos porque miramos por las costuras y nos alcanza a veces el aire para sentirnos volar. No perdemos porque, perdidos y todo, nos animamos a esbozar este quizá.

3 comentarios:

gemmacan dijo...

En mi caso tengo una esperanza... ya sabes de ella, 9 años, ojos rasgados y todo un mundo por descubrir. Ellos vendrán, y no sé si nos leerán, si guardarán en un baúl lo que quisimos ser, lo que conseguimos, no sé si perseguirán alguno de nuestros sueños, si prolongarán nuestras ilusiones... pero no dejarán de llevar algo de nosotros en sus ademanes, en su mirada y en su recuerdo.

Me conformo con que se apasione como lo hacemos nosotras (aunque no valga para un pimiento) :)

La otra dijo...

Mirá qué cosa...has dicho en dos párrafos lo que a mí me tomó tantas y tan enrevesadas palabras. Por eso digo yo que nos vino bien esto de conocernos ;)
Si el único legado fuera la pasión por las cosas que se aman y que hacen girar el microcosmos de cada uno, pues, bienvenida sea. Quizá me esté volviendo cada vez más ilusa pero creo profundamente en que la fuerza, el motor, el envión siempre se hereda (en el caso de los hijos) y se transmite, en general, como si dejáramos puntos suspensivos a todos aquellos que vendrán a poblar estos espacios después de nosotros.
Creo en tu esperanza de 9 años, y en todas las que quedan por descubrir...'creo en ese tiempo y en su manera de hacerse buscar'

Un gran abrazo!

lu dijo...

hola ana!

hace tiempo que no entro por acá...

voy a volver a darme una vuelta estos días... estoy predida del mundo...