lunes, 9 de marzo de 2009
La fe de mis mayores
Pensando en lo descreída que soy y revolviendo entre mis pocas creencias, me acordé de algo, de alguien en quien siempre he creído, quizás porque en él creyeron varios antes que yo.
Primero le creyó mi abuelo, hace mucho tiempo, antes de que lo censuraran en este país, que apenas lo estaba descubriendo.
Después fueron mis viejos, quienes tuvieron el placer de verlo volver a estos escenarios, a ese tipo que sin respirar estas calles parecía conocerlas como a las palmas de sus manos, y que cuando cantaba hacía que esas verdades le temblaran en la voz.
Lo mío entonces fue una herencia, ineludible y sumamente necesaria. Lo conocí desde siempre.
Los domingos con sol siempre sonaba su Fiesta, y mi papá me explicaba que ahí donde decía 'verdes' en realidad había querido decir 'lilas, rojas y amarillas', pero no lo habían dejado.
La primera vez que lloré con un poema fue cuando, de su boca, oí a Miguel Hernández lamentar la pérdida de su amigo, sintiendo más esa muerte que su vida.
Me enamoró Entre un hola y un adiós, quise llamarme Lucía, escribir yo la historia de ese que se enamora de un maniqui de cartón piedra, y hasta muy tarde no entendí realmente lo profundo y lo preciso que había sido al hablar de la soledad y el manojillo de escarcha.
Supe entonces que había que creerle, porque siempre había dicho la verdad (a mi abuelo, a mis viejos y a mí), porque los amigos son sueños imprevistos y el sol sólo es el sol si brilla en ti. Porque el valor no es el precio, y llorar siempre es mejor en el mar; porque no está bueno andar camuflado por nadie ni por nada, y porque la vida a veces nos gasta bromas y, otras, se nos da entera y en cueros, mágica y radiante...
Así es que, prosiguiendo con nuestro desfile de primeras figuras (que vienen a matizar un poco tanta palabra mal barajada mía), lo traigo al Nano, certeza irrefutable, fe de mis mayores.
Nota: Esto ya fue pegado una vez en el callejón, la casa vieja. Ocurre que dicen que lo sensible se renueva, y esto entonces, tiene (y tendrá) eterna vigencia. Un homenaje.
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2 comentarios:
Me uno al homenaje, la anterior vez, esta y las que hagan falta si se trata del Nano. Cala hondo, es innegable, y como en ti, ha sido mi admiración y cariño una herencia.
A veces la fe, vale la pena.
Desde "su" y "mi" Mediterráneo, un abrazo bien fuerte.
Amén a todo eso!
(hablando de fe...)
Que nunca se calle la música que nos hace :)
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