viernes, 12 de diciembre de 2008

Vuelve el libro de quejas

Sí, señores. Vuelve. Y ésta es la versión 'reloaded'. Así que, ajústense los cinturones.

Hoy, después de mucha literatura y cine al respecto, comprendí cabalmente lo que es tener todas las ganas y la voluntad de hacer volar en pedazos una dependencia y con ella a todas las personas que tiene adentro. Por otro lado, y al mismo tiempo en mi cabeza, lamentaba tremendamente no tener un arma para llevármela a la sien: no ya para apretar el gatillo efectivamente, si no simplemente para amenazar con hacerlo y así generar el escándalo necesario para conseguir lo que yo quería. Con tan extremas soluciones, ustedes se preguntarán qué carajo era lo que quería yo
¿Un vellocino de oro? No ¿La imposible piedra filosofal? Tampoco ¿La lámpara de Aladino, el tesoro de la cueva de Alí Babá, la caja de Pandora? Nada de eso, no. Yo quería un papel. Una hoja, y ni siquiera aquella de algún libro de la biblioteca de Babel que posee, según dicen, el secreto del Universo. No. No contiene tampoco la pregunta de amor de toda la vida, la edad de Cher o los días que faltan para el fin del mundo.


Este papel dice cosas que yo ya sé pero que no sirven a menos que un grupo de idiotas oficializados pongan su firma lenta y pastosa como el resto de sus acciones de ñoquis-culo-en-la-silla. Dice este 'documento' que llevo cursadas x número de materias en la facultad, que mis notas son tales, que estudio ahí donde estudio, que me llamo así como me llamo y que mi documento es el número que es. Y al final, como si se posara la mano de Dios encima de mis datos, sus firmas y sus sellos con menos tinta que esos míos de Mickey Mouse que guardo de los ocho años.

Básicamente lo único que logra certificar un papel así, a juzgar por lo que cuesta conseguirlo, es que los estudiantes vivimos en manos de ineptos a quienes, evidentemente, alguien alguna vez les cagó la vida seriamente y por los que llevan aún la sangre en el ojo.

Hoy la mujer del otro lado de la ventanilla consiguió hacer saltar todos los resortes de mi paciencia. Hablamos de una mujer cuyo trabajo cotidiano consiste en adherirse a esa misma silla, recibir pedidos y encargarse de que se estén listos en tiempo y forma. Ocurre que para ella 'tiempo' es más o menos mes, mes y medio y forma es 'la peor de todas'. Además del mes y medio que esperé (para enterarme finalizado ese plazo que mi pedido se había desvanecido por los aires o ido a parar al culo de vaya a saber qué empleado administrativo con urgencias y sin papel higiénico), la señora me dio su palabra de que mi trámite estaría para esta mañana ('De hecho, para el jueves, pero mejor venite el viernes, por las dudas').

Hoy el papel estaba, efectivamente, pero sin las firmas habilitantes que hacen de esa hoja inútil, una hoja inútil avalada por las autoridades de la inutilidad. O sea, en criollo: no me servía para una mierda. Me sentía Adrien Brody, en El Pianista, cuando, muerto de hambre, encuentra una lata pero no tiene cómo abrirla (o una analogía un poco menos categórica, pero así).

Para seguir calentando la interna, no sólo no tenía lo que había ido a buscar sino que, además, tuve que comerme la descarga victimista de la señorita-de-sección-alumnos, que, ofendidísima, prometió jamás hacer 'un favor' a nadie (eso de dar su palabra y procurar que yo tuviera un papel inútil) porque luego así se lo pagaban.

En ese momento creí realmente que esa gran vena en mi frente estaba tan hinchada que, en cualquier momento, estallaría en gritos de odio. Por un lapso de breves segundos vi, realmente vi, unas manos que salían de mis brazos, la agarraban del cuello y la hacían volar contra los ficheros de expedientes del fondo de la sala. A flor de labios tenía todas las puteadas, esas que sonrojarían a los Borrachos del Tablón y por las cuales mis tías abuelas me desconocerían para siempre.

Sin embargo, no dije nada. Me enyoguicé, me compré una Coca-Cola y me fumé un cigarrillo que liquidé en tres secas de puro odio sanguinario.
El final de la historia da otra nota acerca de cómo funciona esta gente de quienes, por castigo divino o funesta casualidad, dependen muchos de nuestros proyectos. La ley de oro: "contacto mata curriculum" (en este caso, mata "camino recto de hacer las cosas"). Se debe tener cuerdas que mover, algún tipo de intermediario para traspasar algunas barreras de otro modo infranqueables.
Las influencias de las influencias de mis allegados hicieron milagros y en este momento tengo, a mi lado, mi certificado analítico, una hoja de papel y tinta amarretes, que dice que soy quien soy, porque ellos quieren.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

YO TAMBIEN QUIERO MI ANALITICO!
HIJOS DE PUTA!

(PERDÓN, SE LO MERECEN)

gemmacan dijo...

Cualquiera diría que lo que buscabas era esa hoja transformada en avión con la frase secreta de Otto el piloto ;)
Funcionarios. Chica, te hinchan las pelotas hasta explotar.
Ayer tuve una mañana de pistola en la sien en los juzgados, y también tuve que salir a fumar un cigarrillo para no acabar a sillazos con la mujer-ventanilla.
A mí me puede la impotencia, me hierve la sangre, me desespera.
En fin... no hay solución. Funciona así el sistema. Al menos escribirlo desahoga.
Tranqui, vete de copas esta noche y olvida a los "ñoquis-culo-en-la-silla". A mi salud!

La otra dijo...

Ni que lo digas, si leerte ya estaba anoche a los brindis a la malasalud de la vieja esa :P

Son imposibles, realmente, el mal del siglo, sin duda.
Además de desconocerme en pensamientos asesinos, no conté la parte de la lágrima en el ojo por la impotencia que me generaba no poder hacer nada para que, por vías justas y como tiene que ser, me entregaran lo que quería. Qué increíble, los nenes desnutridos me hacen lloran de impotencia...y ahora me vengo a enterar que tb estos pelotudos!
En fin, todo sea por llegar a enviar la solicitud para esa beca de la que ya escuchaste bastante...

Prometo mail, prometo mail (yo sé, soy un desastre, pero de esta semana no pasa :s)

Besos!

P/d: Por la pregunta de Otto me entrego a dos mil trámites con dos mil viejas gordas burocráticas! :)

gemmacan dijo...

Jajaja! Me rio de tu postdata. Lo demás, aunque tiene su lado cómico cuando te lo cuentan, es realmente dramático, y sé de lo de la lágrima en el ojo por la impotencia.
Dale con el mail, yo también tengo cosas que contarte.
Besos!

Anónimo dijo...

hey..

solo quería decirte que en parte me pone un poco triste esta mudanza, y en parte no. Iba a citar un pedazo de algo que escribiste hace tiempo en el callejón, pero no recuerdo exactamente las palabras. creo qe se llamaba 'la calle del regreso', no se, pero hablaba basicamente de las mudanzas, y de la forma extraña de no mudarse nunca del todo..
solo qería decirte que no me atrevo a 'tirar la llave por una alcantarilla cualquiera, para no tener que recordarla y no sentirme tentado de correr a buscarla'. no la del callejón, no me atrevo a tirarla.
Sigue y va a seguir por un largo tiempo en mis favoritos. solo eso queria decirte, no habia podido hacerme el tiempo necesario para decirlo antes.

un saludo. :)

lu dijo...

este es tu nuevo hogar amiga?

:)

La otra dijo...

Así es, y recién pintadito!
Pasá, pasá nomás...Sos muy bienvenida :)