martes, 30 de diciembre de 2008

Otra hoja en blanco

Los años son como escamas, y son como espejos. Se nos adhieren a la piel y nos reflejan todo lo que fue y lo que vendrá.
Los años a veces mienten, pero en general saben decir cosas ciertas aunque más no sean cortitas, como suspiros, flores de un día, deseos de brindis y 31. Un año me contó que te quise y otro no te pude ni ver.
Hubo un año en que quise ser adulta, y un poco lo fui, y otro en que me quemaron las ganas de volver al momento de los primeros pasos.
Hubo años de sosiego, años dormidos, y los hubo eufóricos de querer hacerlos míos, nuestros. Años puente y años puerto, y años niebla, de no encontrarse ni las manos.
Hechos de años estamos, soplados de tiempo, de años norte y años de esquinas rotas y asfalto en la cara. Años que suspiré, aquellos donde fuimos lluvia, donde fuimos tiempo suspendido, envés de un sueño en vez de reveses, y así sucesivamente como ya sabrás, como ya supimos y recordaremos por los años y los años que han de venir.


Este año, año quiebre (ojalá no quebrado), van a torcerse los rumbos. Porque sí, porque ya les toca y porque, de alguna manera, hace rato venimos tomando el envión. Va a darse vuelta para donde más le guste pero no habrá de culparme él, el tiempo, de no haberlo apurado, de no haberlo puesto contra la pared y haberle exigido lo que por derecho me corresponde: removerlo, exprimirlo, enterrarlo cuando lo quiero perder, romperlo y volverlo a armar, atorarlo en el vórtice que me guste más, a mí: esta vez, a mí.


3 comentarios:

Anabel dijo...

Qué mejor manera que empezar el año con una hoja en blanco y un tintero lleno!

La otra dijo...

A llenar las hojas se ha dicho!

Gracias, de nuevo, por darte una vuelta...un gustazo que te sientas cómoda aquí!

La otra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.