lunes, 8 de diciembre de 2008

Sugerencias


Mientras no te decidas, nombrame. A mí.
Nombrame como una mala costumbre, un tic, a ver si en una de esas te gusta mi sonido.
Decí mi nombre si te entra frío, y si se hace de noche en una ciudad donde no hay dónde ir.
Repetime cuando haya muchas copas, haceme presente en los días de fiesta, cuando se prende la luz y se apagan las alarmas, en los momentos en que deponés las armas y una mujer te toca en algún lugar estratégico entre la entrepierna y el alma. Buscame cuando le busques los labios. Y en su cuerpo, cuando lo encuentres debajo de la ropa, entre tus dedos, haceme aparecer.
Dudá pero, por las dudas, llevame cerca, en una libreta de mano, en un amuleto casero, en la letra que sale en el boleto del colectivo y que, sin ser capicúa, te llena de suerte.
Enamorate, de soslayo si querés, despacito. Pero encariñate de la posibilidad nuestra, de ese torpe chocarnos en una esquina y dibujarnos la boca y jugar al cíclope, sabés, como rezara ese clásico capítulo 7. Te pido que te ilusiones con la primera impresión, la sonrisa del otro lado del vaso de vidrio, el recuerdo de los cruces de miradas y mi mano que, sin tocarte, va trazando remolinos en tu espalda. O algo parecido que te sacuda. Enamorate de todo eso que somos y no existe.
Equivocate en el camino, mentite si hace falta y viví todas las vidas pero que, entre esas, esté la mía. Que te quede una tarde para agarrar el auto y salir juntos a perder el rumbo.
Confundime por la calle, llamame así me doy la vuelta, dame apodos tuyos, esos que se hacen entre la cama y la cocina, mechados con besos y manos que saben vulnerar cualquier aduana. Contagiate, conmigo, de mis gripes y volemos en fiebre, pataleando por los jarabes amargos desde una cama hecha de desvelos nuestros. Quiero decir que me hagas un lugar en tu cama, un tácito espacio preferentemente del lado izquierdo, o donde quiera que vayan a parar tus primeros besos de la mañana.
Quedate conmigo, aún sin quedarte todavía. Elegime sin todavía dar un solo paso en falso. Engañala en el ensueño, buscame detrás de la pupila de la siesta, en la hipótesis más retorcida, en la pregunta que quizás no te pueda contestar.
Quedate conmigo, aunque más no sea como quien se abraza a un arpegio que quién sabe si algún día se hará canción. Como si quedaran casualidades buenas y no importara entenderlas para verlas torcernos la vida. Respirá profundo, conmigo, largando todo el aire frío.
Estate quieto, dejate buscar.
Y al final, aunque nunca, tal vez, del todo, quedate conmigo.



Un trabajo sin título (por ahora) de Silvina

5 comentarios:

gemmacan dijo...

Fuerte, eh. Mucho. Yo te nombraría, soy capaz de querer así de entregadamente, pero no eres mi tipo Zoe, jaja ;) Me van con más pelo (bueno, no en la cabeza)
Ya sabes, al doblar una esquina, o comprando en la frutería. Tú estáte atenta. Y luego, claro, me lo cuentas.
Besos, poeta!

La otra dijo...

Ay, Inga querida, te gustará saber que éste no es un post de anhelo. Quiero decir, es un post de espera (como todos los míos, eh?) pero la magia ya está hecha. Lo que esperamos es que haya algún guiño del otro lado: o sea, lo más difícil de todo.
Así que, por primera vez en un laaargo tiempo, he escrito algo con nombre. Y esperando que, alguna vez, me nombre a mí.
Ya te ampliaré en un mail. Pero, no te creas, no es mucho más que esto.

Besos!!

gemmacan dijo...

Ya estás tardando.
:O

Anónimo dijo...

yo también quiero que me nombreeeeeeeeee o ,al menos, que la espera termine de agotarme de una vez!! por dios, amiga!!! me encantó/dolió.......

Anabel dijo...

Hola!
Disfruté esto de una manera especial, muy lindas palabras y sentimientos.
Qué lindo es cuando la persona que queremos nos llama por nuestro nombre.
Un saludo :)