jueves, 11 de abril de 2013
La novena
La primera, fue el ruido, la gente amontonada, sus ojos borrosos, las luces de colores.
La segunda, había un tren pasando a pocas cuadras y, por la noche, anunciaban tormentas.
La tercera, tuvo fiebre y un día de locos, se puso dos medias de pares distintos y el café estaba frío.
La cuarta, una novia, una mueca, un torbellino, una palabra casi a tiempo, y de la mano, y encima una canción mentirosa, y los ojos...dónde irían a parar esos ojos.
La quinta es la tarde soleada, la media estación, las hojas quejándose de un quiebre bajo las zapatillas, una espalda, un cuello y el desamor, un montón de agendas escritas a tachones y una madrugada en cuclillas por la cocina.
La sexta es pensar que nada ocurrirá nunca y hacer medio minuto de silencio por aquella injusticia que mata flores antes que puedan ser tallos siquiera, que deja huérfana a la piel de un tacto que se había inventado para ella.
La séptima, quién lo diría, hubo un panadero atrapado al vuelo y una siesta, hubo el miedo de quedarse atrapada entre cejas de unos ojos que buscan el hueco, la puerta puente, el ventiluz a donde vive lo que cura.
La octava, brújulas rotas y el flash de unas fotos que nadie sabría que por detrás tenían una duda y varios desvelos acumulados, y su corazón en las esquinas de ese barrio y rozarse los dedos como de sopetón por ver si decidían pegarse entre ellos y no había más que anudarse hasta quererse y quererse siempre quedar.
La novena fue la última primera mirada. La novena vez fue desandarse la ropa, desnudarse las calles y desprenderse las palabras maniatadas de tanto mirarse sin verse, de tanto cruzarse sin desarmarse, y de tanto todo indeciso, pero entonces, puede ser que, y qué si no... La novena vez fue dormir el mismo sueño, el antídoto, el beso limpio en la mirada y un latido en tres octavos lleno de pajaritos cantores y primaveras incipientes.
El amor es, a veces, a novena vista y de tanto mirarse, se ve.
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1 comentario:
Yo siempre digo que el amor no es siempre a primera vista. También hay algunos que crecen de a poco, se aprenden y se riegan. Y a veces, de tanto crecer se hace bastante más grande de lo que se puede imaginar o lo que se había planeado. Y entonces la cantidad de miradas a nadie le importa. Mientras esté ahí y ahí se quede.
Muy bonito Zoe!
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