Ocurrirá que se siente en las orillas, que se sienta a la orilla de algo. Pero será muy pronto para que le duela el pecho, esas cosas llegan siempre al tiempo que deben, nunca en las vísperas, como decía mi abuelo.
Pero vaya por la sombra, cuídese la cabeza del rayo que corta, de la navaja, de las serpientes y los bichos que comen sobras. Sepa que tiene un corazón de canción, con maravillosos puentes instrumentales, con estribillos nocturnos y estrofas de buen cielo. Negocie con la rutina, un rato de ella, un rato de usted y de su cuento, de su cama sin hacer, del beso despertador de madrugada, de la copa en donde tomarse todo y las estrellas.
Desembarácese de las cuestiones ajenas, que sólo el barro de su vereda le ensucie los pies; y que el resentimiento del mundo se haga espuma blanca en la boca de quien corresponda, la suya servirá a otros fines, más húmedos, sensibles y acariciadores, como el beso o la palabra.
Evada adversarios que no entiendan las reglas del juego y, llegado el caso, enséñesle que cuando se ha perdido es de mala educación patear el tablero, que eso no se hace. Ya conoce usted el manual del buen perdedor, remita a sus adversarios a esas páginas, cuénteles que llorar no es escupir, que ya lo saben tan bien sus rodillas rotas, lo que ha perdido y las cartas que ha preferido nunca más abrir.
Tome nota, hay que saber los caminos que hacen algunos vientos y pretender seguirlos con los ojos. Hay que enamorarse hasta el sombrero porque para arder se ha nacido, y el que arda de otra cosa pierde el tiempo. Enciéndase sólo de amor, ya están los otros para quemar ciudades y llorar sobre cenizas.
Cuando tenga días de torbellinos no se los empuje a nadie más, suyo es su caos y andarlo y sobrevivirlo es su tarea como de pajarito indefenso en la tormenta. Prosperará usted porque ama las alturas y el agua de lluvia y sabrá bien hacer tratos con la intemperie.
Cuando eso termine de pasar, recuperarán su color todas las cosas, se acomodarán las estrellas en las cartas astrales, llegará a fin de mes y podrá respirar hasta el fondo de sus pulmones. La rueda no podrá más que girar y llevará en su frente la canción que falta, los amigos, los versos, los escenarios.
Hágase a la luz porque de luz son los días, y gánesela con la espalda y el canto.
Cuando todo esto ocurra y abra la ventana, verá su río del otro lado.
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