miércoles, 12 de enero de 2011

El día de los buzones empachados


Hubo un día, hace mucho tiempo hubo un día, en que de todas partes volaron cartas.
Fue el día de los buzones empachados y las amas de casa corriendo la tinta con sus goteras saladas y melancólicas.
Los carteros hicieron doble jornada ese día, con los pies encallados pero de un humor intachable: no todos los días es el siglo XXI y la gente se sienta con un tazón de café a decir de puño y letra tanta palabra hecha para viajar.

Ese día cambió el aire, se perfumó de extranjería, de novedad. Es que, como es bien sabido, las cartas abiertas huelen a otras manos, al viento que se coló esa mañana por la ventana de cada escribidor. Huelen a la tinta apurada de lo dicho, y también al secreto de los espacios en blanco de los tachones y las faltas a la verdad y la ortografía.

Se escribieron mensajes pendientes, palabras que habían quedado en algún patio trasero del tiempo, suspendidas en una soga, secándose al sol. Se escribieron confesiones de amor y de escupitajo, resúmenes del día y de los años, trivialidades y hasta abrazos, que venía suspendiendo el espacio (cuando se llama 'distancia' y duele y paraliza como el rayo).
Se escribió con las manos propias y por encargo, con los codos y la sangre, con miradas que van marcando la trayectoria de un silencio, que son renglones escondidos o letras sin alfabeto.

Alguien dijo que la lectura de muchas cartas había ameritado desmayos. Hubo otros que vieron sólo carcajadas estridentes, guardadas, reservadas hace tanto tiempo.
Yo misma conocí gente que se hizo un charco, que abrazó su correo contra el pecho como para ponerlo a salvo. Gente que volvió a sus quince años, que viajó al primer día de todo. Amigos que reconocieron viejas caligrafías y favores prestados. Conocidos que recibieron noticias de conocidos que fueran amigos, y otros muertos del corazón con aires resucitados.

Temblaron todas las manos abre-sobres porque los que de verdad temblaban, adentro, en el fondo, eran los corazones; y eso que los médicos de las guardias diagnosticaron como masiva e inexplicable taquicardia era, en realidad, que los corazones daban saltos de emoción o de angustia, pero saltos al fin, y eso no puede ser tan malo: despertar lo dormido es un esfuerzo un poco bruto pero siempre termina por valer la pena.

La ilusión fue, ese día, un sobre cerrado amanecido en un buzón. Y, adentro, todo un planeta de olores y asuntos casi olvidados; adentro, los nombres enlazados, el de la firma y el de los dos puntos, el de allí que queda tan lejos y el de aquí, que agobia y es gris como una nube sobre la cabeza.
Adentro es una carta solamente. Pero más adentro, siempre más adentro, es una promesa y un refugio, es la prueba de que gira el mundo y en los vórtices del tiempo sobrevive lo que creíamos muerto. Es el remedio y la fiebre más alta, es la magia que practica en la parte honda de mis ojos tu letra chiquita y cursiva, caminándome la vista como una hormiguita.

Fue el día del consuelo a todas las esperas. Fue cuando se recuperó el tiempo perdido y se volvió, por un rato, al momento en que más vale decir que morir en el intento de seguir callados.

Yo me acuerdo de todo muy bien. Es que, yo también supe del derrumbe y los perfumes, de la fiebre alta y la ilusión, de tu nombre y el mío otra vez compartiendo un espacio. Era blanco, más bien amarillento, nuestro escenario compartido, como el de un teatro viejo.
Allí nos encontrábamos y, al final de la noche, nos agarraba la lluvia y el tiempo refugiados en algún portal.




El dibujo, que empuja esta historia, le pertenece a Silvina De Faveri.

4 comentarios:

julia rubiera dijo...

bellisima historia nos regalas para nuestro deleite, esta asturiana sin esperar ser molestia se queda de tu seguidora, un besin muy grande.

La otra dijo...

El placer es mío de que te pases por aquí :)
Me alegra que te haya gustado, y que vayas a volver.

Un abrazo desde aquí!

Val dijo...

Hermoso, qué hermoso! Quiero un día así!! Cómo extraño escribir y recibir, sobre todo recibir, cartas escritas a mano...
Y el dibujo que lo acompaña también genial. La sencillez por sobre todo :)

La otra dijo...

De acuerdo, es un gran dibujo :)