A los bancos de plaza de Londres, en especial a los de Soho Square, que me dejaron picando estas palabras. Sobre ellos esta carta.
Ésta es una carta de amor.
Ésta es una carta de amor.
Cumplo en avisar al desprevenido caminante que ha venido a hacer su alto en este banco de plaza. Mejor que no haya dudas y todo sea muy explícito, de manera que si no es muy amigo usted de recibir cartas, o si no se lleva muy bien con el amor, puede dejarla a un lado y no perder ni un minuto más de su tiempo. Si le dan alergia ciertas palabras, si leer le produce somnolencia, si ya comparte con alguien el corazón y la cama y teme acaso que un papel escrito le robe las certezas, le ahorro el mal rato: abandone la lectura en este mismísimo punto que va acá.
La que escribe lleva mucho tiempo sin escribir una como éstas. A menudo se lamenta el haber abandonado el papel por la pantalla, que es como decir que ha dejado la poesía en pos de la velocidad (por traído de los pelos que eso pueda sonarle a usted, aleatorio paseante/lector). Ni qué hablar del amor, que más que abandonado vive guardado en el cuarto de las cosas viejas, esperando a ver si tiene algun uso mas adelante o habrá que tirarlo nomás.
Quiero decir que ésta, ademas de absurda y azarosa, es una escasa y, por ello, única en su especie carta de amor. Quiero decir que a mi me sorprende tanto como a usted la existencia de estas palabras, en tanto que salen de mis manos tan desacostumbradas a su pulso, a su color y a su poética especial de carta de amor.
Pero hay algo más. Algo que casi me detiene en el impulso de escritura y deja en blanco este espacio que ahora, de alguna manera, es nuestro: de usted y de mí. Y es que se trata de una carta que ha nacido huérfana, sin dueño. Y ya sabrá (si tiene usted algún conocimiento en el género epistolar) que una carta sin nombre y sin destino es casi cualquier otra cosa: un cuento sin peripecia para contar, un poema sin versos, una obra de teatro de puro soliloquio.
Aquí es, entonces, donde entra usted, especie de Mesías que, en el sólo acto de seguir leyendo, le salva la vida y le da razón de ser a ésta, ahora sí, carta de amor.
No se ha ganado ningún premio sorpresa, ni hace falta que "se quede en línea para conocer sus nuevos beneficios". Pero, aunque sea poco, sepa que es usted el feliz dueño de una carta de amor y que, aún si dejar de leerla ahora mismo, seguirá siendo el poseedor indiscutido por el sólo hecho de haber sido traido por el azar, el cansancio o vaya a saber qué circunstancias en este dia, hasta este banco, este lado, esta carta y esta precisa palabra que da en este justo punto aparte. Hasta aquí hemos hablado (he monologado, mejor dicho) mucho sobre la carta.
"¿Donde estó el amor?" se estará preguntando usted y, sin darse cuenta (hasta ahora, que yo estoy por hacer que lo advierta) se estará haciendo la pregunta de toda la vida ¡Quién lo supiera! Otro sería este tiempo si todos supiéramos dónde queda quien pueda llevarnos hasta allí, y cómo es que volvemos cuando cierra esa oficina y empieza a llover y se hace de noche y se corta la señal o se rompe la brújula ya sin norte. Pero usted estará preguntando por el amor de esta carta, algo que la distinga de alguna de esas que usted recibe, diciéndole que o paga o se la cortan (a la linea, ¿eh? Que todavia no tengo tanta confianza como para hablarle así, tan livianamente, a un apenas conocido), que aproveche tales o cuales ofertas, que gastó todo esto y todavía falta el resumen del mes corriente. Es el amor lo que debería salvar a esta carta de esas otras, mundanas e impersonales cartas que tanto suele recibir. Qué amor puede leer usted de mí, que no lo he visto nunca (o quizá sí, alguna vez, pero sin saberlo), que no conozco sus gustos personales o, peor, que no conozco aun sus ojos o el idioma en que hablaran...
Como tarea es arriesgada y casi vana, yo y la camisa de once varas...Pero, quién sabe, tal vez se me de mejor el azar que el mismo amor, y apueste a una ficha que podría jugar usted y quizá, y sólo porque de a ratos la casualidad nos tiende una mano, podamos hablar de amor en una misma frecuencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario