viernes, 28 de agosto de 2009

La loca del barrio

La loca del barrio dice que hay un tango que no sabe cantar; que no nació de arrabal alegre sino de la tristeza de un campamento gitano; que se casó de un descuido y que le hubiera gustado estar enamorada cuando eso ocurriera.

Todos dicen que es más vieja de lo que aparenta (los locos no envejecen con los años, más bien van sumando locuras y angustias) y algunos de los más pícaros juran que la han visto desnuda por las siestas y las ventanas, ciertos días templados de otoño.
No es peligrosa y sólo lastimaría si fueran las palabras apuradas municiones disparadas a discreción. Porque todo lo que hace es hablar. De todo.
Cuenta que su padre era un hombre alto y de manos duras, solemne y distante como la estatua de San Martín en la plaza, igual de frío y sin palomas.
Dice que ha visto cosas hermosas y tristes, a sus hijos nacer, las sábanas blancas secarse al sol, el crepúsculo cuando se lo pesca mirando al cerro y no hay autos en la calle, las cartas que le escribía su hermana desde lejos (aquellas en las que le decía que más temprano que tarde se encontrarían y que hacía frío y que se había enamorado).
Y a veces se calla y es el silencio más elocuente que todo lo que la atraganta.


La loca del barrio es una mujer de pocas pulgas. Cuando le empieza a perder la paciencia a la vida, guarda sus libros y sus discos en cajas con nombres y redacta cartas diciendo (palabras más, palabras menos) que se va. Planea acabar el viaje por las venas, o de un certero golpe de arma. Y luego se acobarda a mitad de un recuerdo en que se había encariñado tanto con la vida. Entonces cuenta que casi se va pero que prefirió quedarse por la pena que significan las despedidas.


Rechiflada en su tristeza, la loca recuerda y se salva de la muerte: un gesto tan cuerdo que asusta.


2 comentarios:

India Ning dijo...

Igual este es uno de los últimos post desde el continente americano. Quién sabe si los próximos serán en francés...

A mí siempre me da por pensar -con este tipo de locos- que voluntariamente quisieron encerrarse en un mundo aparte, y que probablemente esa decisión fue debida a un desamor, o un amor que acabó en tragedia (como todos los grandes amores)

Me da miedo la locura. Mucho.

La otra dijo...

En principio, lo único que casi que puedo asegurar es que no creo que vaya a escribir los próximos en francés...y no creo que sea porque me falten ganas, es que no sé cómo haré para que (a pesar de que la cabeza lo logre) pueda el corazón hablar en otro idioma...Ya veremos...

También me asusta la locura...sobre todo una como esa, que llega cuando se quiebran los amores y no hay cómo volver atrás... Lejos de la poesía y todo el mito de la locura, la verdadera, la que se sufre y duele, no es envidiable...Los quijotes, en los libros nada más, por favor...

un abrazo!