- Me sacan de mis casillas las personas (en general mujeres con niños) que van a un kiosco y se toman más de cinco minutos en la onerosa compra de unos chicles y alguna golosina para el nene. A menudo hacen que el chico (de dos años y medio) elija solito lo que él prefiere llevar, y hasta que no lo expresa claramente y levanta el producto por su cuenta, no se convencen de que es eso lo mejor que le pueden comprar. Para coronarla, suelen pasarse otros varios minutos más buscando monedita a monedita en la cartera.
- Me molesta hasta el punto del desvelo, la gente que escribe dE eStA mAnEra.Para recalcar ya existen las mayúsculas solitas y armónicas, entonces por qué ese invento, ¡¿por qué?!
En la misma línea de queja, me horroriza pasear por algún fotolog y descubrir que los púberes de hoy escriben en un dialecto que, estoy segura, no es el de ningún rincón de este o cualquier otro mundo. Me pregunto qué clase de nueva dislexia se está desarrollando cuando alguien dice:
h0LA._!.
muyy leemDa f0t0._!.
bX0z.
P a u h.____x
Me pregunto y, por las dudas, mejor no me contesto. No alcanza la lingüística como disciplina para responderlo.
- Cada vez son más las vendedoras (en los comercios de ropa, sobre todo) que tratan a sus clientas de 'mami' y 'gordi' o 'gorda'. Me enerva: no soy la madre de nadie y, en todo caso, si lo fuera (y a menos que se trate de un reencuentro de esos que no hay desde que Sorpresa y 1/2) no soy la suya. Tampoco cae muy bien el otro apelativo: somos todas mujeres, queda claro que nada relacionado con el peso puede sonar cariñoso, mucho menos entre extrañas.
A la vez, y en el otro extremo, cada vez son más las de verdulerías y almacenes barriales que la tratan a una de 'señora' y 'doña'. Que sepan que a nosotras (las que todavía nos consideramos, y nos queremos mantener lo más que se pueda, jóvenes) esa formalidad no nos honra sino que, muy por el contrario, nos choca casi tanto como el exceso de confianza de sus pares, las vendedoras de ropa, indumentaria y accesorios.- Me inquieta la gente que llama por teléfono a la casa de alguien y lo primero que hace es preguntar con quién habla. Los que atendemos del otro lado, nos vemos en la obligación de ser amables y contestarle a el/la desubicado(a) datos que, quizás (y si ha marcado mal, como suele ocurrir) ni le incumben. Personalmente, la mayoría de las veces no temo pasar por maleducada y retruco: 'Pero, ¿con quién quiere hablar?', a lo cual suelen repetirme la pregunta '¿Con quién hablo?', entrando en un juego circular que puede no terminarse nunca. Bueno, en general lo termino yo, cortando la comunicación.
La cosa es así: el interesado en comunicarse debe presentarse primero y luego averigüar quién está del otro lado. Parece una lógica sencillísima, yo no entiendo porqué hay gente que no la aplica y/o que todavía se ofende si una se niega a dar sus datos al primer desconocido que hace sonar un teléfono.
- En estas vacaciones he terminado de criar un odio arcano y sanguinario por los porteños vacacionando en cualquier lado. Son una patota quilombera que va mirándolo todo como desde la ventanilla de un avión. Son burlones, irreverentes, llenos de humos e ignorantes de todo lo que no quede antes de la General Paz. Siempre en Buenos Aires hay algo como eso, y mejor. De hecho, a tres cuadras, en su barrio, se acaba el mundo: me pregunto entonces porqué salen de sus burbujas. Lo peor de todo: son 'EL argentino' por antonomasia. Dan ganas de hacerse el harakiri con una grisín. O mejor, hacérselo a ellos.
- En cinco años no he logrado acostumbrarme a ser paciente, tolerante y respetuosa con la gente que se cree divertidísima y súper original y pregunta, ya que estudio letras, si es que ya he pasado la eñe o por qué parte del abecedario voy. Los que acotan que el cursado consiste en realizar carteles y pancartas tampoco se quedan atrás: muy por el contrario, demuestran que la boludez encontrará siempre vías de perpetración y superación, aún cuando a la misma imaginación humana le falten los recursos para verla venir.
No es gracioso, no es ingenioso, no cae simpático, no rompe el hielo y ciertamente no es más digno que preguntar, con toda la humildad el mundo, '¿Y qué carajo se estudia ahí?', que es de lo que realmente quieren zafar con tanto chiste mojado ¡Terminen con el numerito del gracioso y pregunten!
Bueno, por hoy creo que me he sacado un gran peso de encima. Empiezo a respirar mejor. Seguro me dejé algunas (varias) más en el tintero, que caerán por su propio peso cualquier día de éstos. Y es que, como bien se sabe, para quejarse no hay edades ni tiempo: toda la vida es un buen momento para una puteada supina, unos buenos gritos pelados, dos o tres improperios con quejosísima actitud, y a la cama.
Quiero decir que este post volverá, y será millones (mue-je-je-je).
2 comentarios:
tengo un millón de quejas más sobre la mesa, de esas que van calando en el estómago, pero comparto las tuyas con algunos matices.
Veamos:
Sobre los niños en el kiosco, traslado el escenario a cualquiera de las tienduchas de mi pueblo, en las que la media de espera oscila entre los 15 y 20 minutos, teniendo delante a la viejita que se lleva 50 gr. de todo embutido y queso existente. Cuando llega a pedir lo último, lo primero ya está caducado. Úlcera me entra.
Sobre el lenguaje -por llamarle de alguna manera- de muchos jóvenes y otros que no lo son ya tanto, me parece sencillamente paTétiCo. No lo soporto. Acidez estomacal.
Con respecto a los que llaman y preguntan con quién hablan, reconozco que saco mi lado más agresivo y borde en esa situación. Ataque de cólera.
Si en algún comercio (o fuera de él) alguien se dirigiera a mí como GORDA, sencillamente lo machaco. Lo de "señora" lo tengo ya bastante más asumido. Lo soy. O mejor dicho, lo aparento. :S
Y en cuanto a los porteños, bueno, no me parece bien dar mi opinión conociendo apenas a 3 ó 4, pero es posible que en todos los países se pudean atribuir esos adjetivos a los de la capital.
Y para acabar y despedirme, sólo una preguntita:
¿pasaste de la Ñ o por qué letra vas?
Jajaja! ;)
Besos!!! (¿Kerés uNa tILa?)
yA cAsI q LlEgO a La ZeTa!!
¬_¬'
jaja, lo de las viejas en las tiendas de tu pueblo es genial...Sí, supera ampliamente a éstas de las que hablo yo.
Y es probable que tengas razón y de lo que me quejo sea un atributo general para la gente de las capitales. Es probable que los 3 ò 4 que conozcas vos se salven ;)
Besos!!
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